Sampaoli: espectáculo cardíaco.


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Jorge Sampaoli (Casilda, Provincia de Santa Fe, Argentina, 13 de marzo de 1960) es un ejemplo patente de que las apariencias casi siempre engañan. Bajo su imagen de hombre serio, comedido y con la palabrería propia de su origen argentino, se esconde un volcán de emociones y vivencias destinadas todas exclusivamente al fútbol, a lo que ocurra en el rectángulo de juego y cómo intervenir lo justo para que el espectáculo que ofrezca su equipo tengan que ver con su decálogo de juego.

Su extensa teoría sobre cómo vivir este deporte y en qué claves se fundamenta para que su idea brille con luz propia, necesitaba un banco de pruebas como el Sevilla, un club al que todo experimento que se le proponga, por complicado que sea, parece destinado a salir siempre cara. Monchi apostó por Sampaoli y el tiempo está siendo el único juez verdadero con el entrenador. El conjunto nervionense ha entrado en la pelea por la Liga con un líder de ideas muy convincentes.

Escuela filosófica. “Amateurismo” es la expresión dentro de su mensaje que más ha calado mediáticamente. No quiere soldados que le obedezcan bajo la disciplina castrense que algunos tratan de implantar en un vestuario, sino que necesita la completa adhesión de todos a su idea de fútbol virginal, sin la pesada losa del profesionalismo. Que el jugador sea completamente libre.

Pese a lo que se podía pensar en un principio, Sampaoli no pertenece a la escuela sofista, filósofos que utilizaban la retórica como principal arma para derrotar políticamente al adversario. El preparador nervionense es de la socrática, siguiendo planteamientos basados en la razón -disposiciones tácticas, cambios de sistema, sustituciones en los partidos…-, y siendo un humanista convencido. El jugador debe recordar las enseñanzas de jugar en la calle, cuando no importaba el marcador, las distancias reglamentarias y si había un número igual de compañeros o rivales.

La libertad. El vestuario del Sevilla agradece sobremanera esa forma que tiene el entrenador de dejar al propio jugador “libre en la toma de decisiones”. Sampaoli sólo desea poner las herramientas necesarias para que sea el talento natural el que aflore en el momento preciso. Por ejemplo, Stevan Jovetic aún es posible que no conozca el nombre de todos sus compañeros. No ha podido adquirir los conocimientos mínimos de la filosofía Sampaoli. Aun así, el entrenador dejó que ese niño que jugaba en las calles de Pogdorica hace 20 años saliese a disfrutar de la pelota. Y cómo lo hizo.

Su carácter. El argentino, y aquí coinciden todos los miembros del vestuario consultados por MARCA, es un tipo “muy cercano”. Al futbolista lo trata con educación, respetando las claves existentes en una caseta, y siempre con mensajes de apoyo y superación. Trata de ser el bastón cuando las circunstancias no son las más favorables. El paraguas en la lluvia. Eso sí, es “exigente” como el que más. Aprieta a sus jugadores en cada minuto, en entrenamientos y partidos, sabedor de que siempre se puede dar un paso más.

“Nos inculca que debemos perseguir la pelota, una vez perdida, hasta volver a conseguirla. Nos ha convencido de ello y todos vamos a muerte con sus ideas“, decía hace pocos días Ben Yedder.

Concentraciones. Esa misma libertad que otorga en el terreno de juego la lleva también al ámbito personal o de vestuario. No quiere atosigar a sus hombres con más directrices de las propias de un entrenador de elite. Es “muy diferente a Unai” en cuanto a esa manera de preparar los partidos visionando vídeos propios y del contrario. Sampaoli trata de ahorrar ese tiempo dando “muchos conceptos” en corto espacios de estudio. Ideas sencillas y directas. Y de rápida aplicación sobre la hierba.

Convence al futbolista con su “tono pausado”, sin perder los estribos, por mucho que la apariencia pública que ofrece en los partidos sea la de un hombre cerca del colapso nervioso por la intensidad en sus gestos y acciones. Son pocas veces las que se enfada, aunque cuando lo necesita es el “más enérgico” de la caseta.

Justicia. No se casa con nadie. No ha adquirido un vínculo o compromiso con ningún jugador y todos saben que pueden entrar o salir dependiendo de sus méritos. Jugadores que en principio no contaban como titulares -como Iborra o Ben Yedder- son ahora básicos en su esquema. Ni siquiera le importa haber solicitado la llegada de algún fichaje importante como Ganso. Si no lo ve, aunque le vaya dando oportunidades esporádicas, no lo pone. Los merecimientos se ganan día a día.

Su mano derecha. No se puede entender a uno sin el otro en la aventura del Sevilla. Sampaoli siempre tiene a su diestra a Juanma Lillo. Pese a que su presencia fuese uno de los motivos por los que el sevillismo receló en un principio del cambio en el banquillo, lo cierto es que el tolosarra aporta esa escuela del juego de posición que cada día interpreta mejor el Sevilla. Ese ideario futbolístico de dos mentes que permite al equipo mostrar varias caras.

Sistemas. Porque este Sevilla puede jugar con tres centrales o defensa de cuatro; con un único pivote o tres todocampistas; con dos delanteros o con falso ‘9’. Una riqueza táctica que no atesora nadie en el campeonato de Liga y que permite al Sevilla medirse casi en igualdad de condiciones a todos los rivales del mundo. “No se fija en los rivales y no decide en función de ellos. Tiene una idea de juego, expresada en varios sistemas”, definía Vicente Iborra, capitán del Sevilla.. Y encima es capaz de aplicar varios, sin cambiar jugadores, y durante un mismo encuentro. Un maestro de ajedrez en el banquillo.

El ser superior. Y si Sampaoli tiene buena parte de culpa del sueño liguero que vive el Sevilla, la otra parte habría que dársela a Monchi. No sólo porque cada año confecciona plantillas de ensueño, sino porque tuvo los arrestos de entregarle un equipo campeón a un debutante en Europa. Con currículum, sí, pero sin un bagaje real fuera de Sudamérica. Acierto total.

“La mayor virtud de Jorge es haber convencido a un grupo campeón de que podía dar un paso más, ser más osado en su fútbol e igualmente competitivo y difícil de ganar. Tiene mensaje, sabe transmitirlo y que los jugadores lo hayan interiorizado es su primer gran éxito. Es el líder tranquilo de este Sevilla”. Palabra del mejor director deportivo conocido.

Objetivos. Y una vez llegados casi al intermedio del campeonato de Liga y con el Sevilla clasificado para los octavos de la Champions, la pregunta es sencilla: ¿A qué puede aspirar el equipo hispalense? Sampaoli, pese a ese discurso en el que no levanta jamás la voz y todo suena convincente y puro, no ha descartado a los suyos en ningún momento para la pelea por el título. Es más, quiere que se les tenga en cuenta.

Quizás porque es nuevo en el fútbol español y no está contaminado cree que es posible el milagro que protagonizó el Leicester en el fútbol nacional. Las diferencias económicas aquí son más brutales que entre los punteros de la Premier y el actual campeón.

Lo que es seguro es que ha conseguido levantar el ánimo y engrandecer los sueños de una afición acostumbrada a soñar con lo imposible. Levantar la Europa League hasta en cinco ocasiones no lo ha hecho nadie, pero pelear LaLiga y codearse con los mejores del mundo en Champions es un paso más que el Sevilla ha dado como si no fuese con él la cosa. Jorge Sampaoli ha abierto lo ojos al sevillismo. Ha desprendido el antifaz del complejo y mira de tú a tú a cualquier rival. Sin duda, una mente maravillosa.

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“Iba a ver todo lo que lo rodeaba y me acerqué a sus colaboradores. Lo tuve como un personaje mítico. Escuchaba todas sus charlas. Las tenía en cassette y salía a correr escuchándolas. A mí me gustan aquellos que proponen tomar riesgo, pensar en el arco contrario, convivir con el ataque sin temor”.

Confesaba José Pedro Fuenzalida, quien estuvo presente en el proceso de Marcelo Bielsa en la “Roja” y compartió camarín con Sampaoli en O’Higgins, durante la temporada 08′-09′, y en los amistosos que disputó el casildense en la antesala a la doble fecha eliminatoria.

“Sampaoli es mucho más cercano. Marcelo Bielsa era más distante y fuera de lo entrenamientos casi no había relación”.

“Sampaoli es más de conversar con los jugadores para conocerlos”, señala el volante a La Tercera.

En relación a los entrenamientos, Fuenzalida destaca que la intensidad es la tónica de ambos técnicos, pero que Marcelo Bielsa “es poco tolerante al error”.

“Ambos realizan entrenamientos muy intensos. Son de conversar en grupo y de manera individual, pero la diferencia está en la exigencia. Bielsa no tenía tolerancia y no aceptaba que uno se equivocara, en cambio Sampaoli se acerca y te ayuda”, dijo.

divulgacao

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