La Preparación Física ¡Sí! existe.


  
“El conocimiento descansa no sólo sobre la verdad, sino también sobre el error” (Carl Jung)
Vivimos en una sociedad de extremos donde la falta de posicionamiento en uno u otro bando nos convierte en bichos raros. Nacemos y crecemos, predestinados por la corrupción social que nos envuelve, a tener que elegir entre derechas o izquierdas, azul o rosa, carne o pescado, Messi o Cristiano, e incluso rubias o morenas. A ojos de los inventores del “sistema”, merodear entre aguas se contempla como un ejercicio de indecisión a criminalizar, no sólo por su alegada falta de madurez decisional sino también por los zarandeos que este arremete contra los cimientos de sus zonas de confort (¿o es que pensáis que el Real Madrid tendría la misma repercusión si no existiese el FC Barcelona?). Los extremos se necesitan y retroalimentan, pero se sienten incómodos si tienen que compartir su espacio con un tercer, cuarto o quinto invitado, razón por la cual, a día de hoy, y pese a poder haber florecido de meditados ejercicios de reflexión y experiencia, se dificulta la legitimidad a los comensales que, premeditadamente, en un ejercicio de honradez estomacal, prefieren “picar” del plato de la carne y de la bandeja del pescado.
Así pues, y como no podía ser de otro modo por tratarse de un fenómeno social más, nuestra querida preparación física no podía salir indemne de este (a veces) sinsentido partidista y comprobó como al igual que otros muchos de su género, necesitaría de un buen botiquín de emergencias para parchear los porrazos que le aguardaban desde el bando contrario que comenzaba a gestarse.
Por supuesto..¡faltaría más!, no reconocernos (los PF´s) como culpables de parte de este fustigamiento sería faltar a la verdad y huir cobardemente de la autocrítica…¿o alguien en su sano juicio pensaba que bobadas de la magnitud que hemos defendido durante tanto tiempo podían salir impunes del filtro de la inteligencia?. Desde picos de forma colectivos perfectamente programados en el mes de Agosto, depósitos de combustible recargados para viajes de diez meses, chispas e intensidades a la carta, promesas de máximo rendimiento en últimas diez jornadas, individualizaciones hasta en la manera de respirar.. y así hasta cientos de sandeces más, que como más tarde comprobamos no respondían a otra lógica más que a la de aparentar y aparecer, con pajarita a ser posible, para que nadie se olvidara de nuestra imprescindibilidad.

¡Escaso castigo unos simples azotes!, ¡una buena vara cogería yo!
Ahora bien amigo, mostremos nuestras cartas, que falsas creencias interesadas hayan convivido durante tanto tiempo con hechos comprobados no autoriza al bando contrario a meter a todas las actuaciones de los preparadores físicos en su misma bolsa de basura, la cual, y todo hay que decirlo, tienen la mala costumbre de abrir cuando no son capaces de explicar futbolísticamente por qué perdieron el domingo… ¡empujarnos a la palestra para compartir protagonismo sí interesa entonces!.

Para mí, quien en un intento de sinceridad profesional trato de alejarme a diario de los extremos que a mi modo de ver tanto coartan, la clave de la preparación física radica en su orientación y tratamiento, pues su existencia, guste más o menos, y a tenor de datos (esta vez sí) comprobados, es innegociable. En consecuencia, que no os tiemble la voz ni os invadan las dudas, podéis afirmarlo tranquilamente: ¡Claro que existen la preparación física!, ¡y claro que somos importantes los preparadores físicos!.. Porque aun estando atiborrada de simplezas y majaderías, todavía sigue nuestra área demostrando mayores evidencias que las afirmaciones y posturas contrarias:
– Si al analizar las demandas de la competición concluimos que en términos “físicos” el futbolista necesita de elevados niveles de capacidad aeróbica, anaeróbica, explosividad, fuerza y capacidad para repetir sprints (Owen, Wong, Paul & Dellal,2012; Rampinini, Coutts, Castagna, Sassi, & Impellizzeri, 2007; Reilly, Bangsbo & Franks,2000; Varley,2013)… ¿no sería una irresponsabilidad profesional obviar estas cualidades a la hora de diseñar tareas de entrenamiento?
– Si tenemos en cuenta que la mayor parte del tiempo efectivo de juego el jugador se encuentra sin balón y realizando constantes cambios de dirección (Rampinini, Impellizzeri, Castagna, Coutts & Wisloff, 2009)… ¿no deberíamos de entender que la agilidad y la capacidad de realizar constantes y rápidos cambios de trayectoria son variables que facilitarán los comportamientos futbolísticos? (Chaouachi et al, 2012; Stølen, Chamari, Castagna & Wisloff, 2005).
– En un contexto en el que se dan aproximadamente 1000-1500 cambios de movimientos por partido/jugador con una frecuencia de ocurrencia cada 3,5 segundos (Reilly, 2003; Strudwick, Reilly & Doran, 2002), donde cada cambio de dirección somete al cuerpo humano y sus estructuras a una carga 5 veces superior a su peso, y cada recepción después de un salto eleva a 10 esta carga (Chaouachi, Manzi, Chaaalali, Wong, Chamari & Castagna, 2012; Rojano, Rodriguez y Berral de la Rosa, 2010)…¿de verdad os vais a atrever a no preparar concienzudamente las estructuras anatómico funcionales de vuestros jugadores?.
– Si en base a los datos aportados por Barnes, Archer, Hogg, Busch & Bradley (2014) en su análisis de 7 temporadas consecutivas en la Premier League Inglesa (2005-2012), la exigencia condicional a la que se somete un jugador de fútbol profesional aumenta progresivamente a medida que pasan las temporadas, no en términos de distancia total recorrida (esta se mantuvo relativamente constante a lo largo del estudio), sino en lo relativo a los esfuerzos de alta intensidad y sprints (estos aumentaron un 35 %)…¿no resulta coherente defender un fútbol en constante evolución “física”? (Di Salvo, Gregson, Atkinson, Tordoff & Drust, 2009).
– Si como dejan patente los datos ofrecidos por Dauty & Collon en 2011 tras analizar durante 15 temporadas consecutivas la liga francesa, los esfuerzos realizados para evitar las lesiones musculares no lograron todavía sus frutos, pero en cambio sí se redujo la incidencia lesiva articular y ligamentosa gracias a los programas de prevención implementados…¿no es señal de que al menos algo estamos haciendo bien?.
– Si una baja incidencia lesiva a lo largo de una temporada se correlaciona fuertemente con el rendimiento clasificatorio final (Eirale, Tol, Farooq, Smiley & Chalabi, 2012)… ¿seremos tan imprudentes de dar la espalda a esta parte de la preparación?.
Y entre tanto yo me pregunto.. ¿Qué elementos de juicio manejan los detractores de la preparación física para asegurar tan nítidamente que sólo con “jugar”, independientemente de cómo se haga, basta para rendir en las mejores condiciones?, ¿algo más allá de lo atractivo, sugerente e innovador de su discurso?, ¿de verdad que nos vamos a quedar con los brazos cruzados viendo como su palabrería derrumba años de estudio y evidencias que sostienen que a mayor y mejor preparación del músculo más fácil será sostener durante 90 minutos las exigencias futbolísticas del juego?
Espero que nadie me malinterprete ni me encasille (ya os advertí al principio que me gusta picar de todo un poco)… entiendo a la perfección que en un entorno donde las emociones contextuales tienen tanto peso estar cansado no significa los mismo que sentirse cansado (Ruben Darío), que un gramo de tejido cerebral pesa más que 80 kg de músculo ( Fernando Signorini), que los partidos no los gana el equipo que mejor se encuentra físicamente sino aquel que logra imponer sus conceptos colectivos y futbolísticos al rival, que los duelos, casi siempre, se deciden por las capacidades innatas y creativas (poco entrenables) del individuo, y que el protagonismo del entrenamiento es para el juego y su complejidad, no para las vallas, las pesas y las colchonetas.., pero…

¿Creéis que es justo evaluar a un pez por su capacidad para trepar un árbol?, ¿no estaremos condenándole de por vida a una ineptitud inmerecida si hacemos esto?, ¿por qué entonces nos empeñamos en evaluar la utilidad de la preparación física en base a su capacidad para ganar partidos?, ¿no será que nos estamos equivocando con el tipo de examen al que la sometemos a diario?.
Me parece que nos queda todavía mucha lección por estudiar…entre tanto, permíteme la licencia para recordarte el consejo que en su día nos dejó el filósofo Nietzsche: “si no tienes alas, deja de acercarte a los abismos”.
Por : Pedro Gómez (Preparador Físico Albacete Bpie) / @pf_gomez

  

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