“Todo se puede entrenar.” Toni Nadal


Todo se puede entrenar - portada libro

Simplicidad

La vida en general, a pesar de todas su complejidad, y el tenis en particular son mucho más simples de lo que queremos creer.
…como punto de partida, mi forma de entender el mundo y mi forma de acercarme al tenis ha sido siempre la simplicidad. No me gustan las explicaciones estrafalarias y rebuscadas sobre algo tan sencillo conceptualmente como pasar una bola por encima de una red y colocarla donde no está el adversario. Mi intención es hacer siempre análisis sencillos y, por lo tanto, buscar el camino con menos recovecos, que es también el más fácil.

Toni Nadal es un entrenador atípico, casi podríamos decir que chapado a la antigua. En unos tiempos donde la sofisticación inunda el deporte de alta competición, con métodos de entrenamiento muy planificados, sistemas complejos, psicólogos, fisioterapeutas, agentes, médicos, entrenadores físicos, relaciones públicas, Toni ha sido siempre renuente a las complicaciones. Para él, todo es mucho más simple y sencillo, después de todo, dice, “si yo soy capaz de hacerlo, no puede ser tan difícil”.

La simplicidad es especialmente importante en los primeros años, donde los detalles y complicaciones pueden desviar al deportista en formación de lo verdaderamente importante.

A los 18 años después que de Rafa renovara por segunda vez con Nike y seguidamente perdiera el torneo de Lyon, un directivo de la firma llamó quejándose de la poca profesionalidad de Rafa, que en los días anteriores al partido había jugado al golf e incluso había mantenido malos hábitos de alimentación, como comer dos pizzas seguidas un sábado por la noche, obviamente no la mejor comida para un deportista.

Dos semanas después sufrió otra derrota en el Máster 100 de Madrid y las alarmas se dispararon. Se reunieron distintas personas del equipo, mostraron su malestar por las energías que Rafa perdía fuera de la pista, en concreto se hizo referencia a que había estado jugando al ping-pong y al billar en el club antes del partido.

Toni mantuvo que ninguno de estos sucesos tenía verdadera importancia en los resultados de su sobrino, que no creía que fueran fundamentales. Varias semanas después el equipo español de tenis ganó la Copa Davis contra Estados Unidos con Rafa ganando uno de los puntos decisivos contra Andy Roddick.

A partir de ahí no se volvió a discutir o hubo quejas sobre los hábitos de Rafael, quizá las dos pizzas no eran tan perjudiciales y las necesitaba dado su nivel de esfuerzo, el golf era una válvula de escape de la presión de los torneos, y el ping-pong y el billar antes de un partido le restaban tensión y le permitían enfrentarse al partido con la cabeza más liberada.

Llevo muchos años en el mundo del tenis y desde siempre ha habido entrenadores ocupados en otorgar valor a muchos aspectos que yo quería desatender de forma consciente y premeditada.

Conceder importancia a elementos insignificantes es uno de los errores que cometemos habitualmente. A mí me hace gracia, por ejemplo, ver a blogueros y expertos en productividad, obsesionados con probar la última aplicación de listas en smartphone o con encontrar el sistema perfecto de productividad. Se les ve cambiar de uno a otro, como en busca de la piedra filosofal, siempre insatisfechos y siempre preocupados por los aspectos más ridículos y triviales. Si dedicaran la décima parte de la energía que dedican a hacer las cosas correctas en vez de optimizar sus técnicas, su rendimiento se catapultaría de la noche a la mañana.

Toni Nadal es consciente de la importancia de centrarse en lo fundamental, y obviar elementos menos importantes. Deliberadamente, aunque no la llame así, sigue la ley de Pareto oprincipio de los pocos esenciales y los muchos triviales. Esto es especialmente importante en los años de formación del carácter, donde introducir demasiados elementos de atención puede desviarnos de lo sustancial:

Cuando Rafa era joven, él nunca supo con qué tipo de cordaje jugaba, ni el peso que llevaba en la raqueta. Yo no quería que tuviera en la cabeza cosas que fueran ajenas a su preparación tenística y mental porque entendía que todo eso le haría más delicado y frágil.

¿En qué porcentaje es determinante el estado de la raqueta, del cordaje, de la alimentación para un niño que está en pleno aprendizaje? ¿Un 1 por ciento, un 3 por ciento? ¿Un 10 por ciento? No lo sé. El porcentaje me daba igual. Mi obsesión era no darle importancia porque yo quería que Rafael estuviera pendiente de lo que a mí me parecía realmente determinante.

No es tampoco partidario de eslóganes, consignas, rituales o gritos de guerra, tanto porque sus reglas y sistemas están en continua evolución y tendría que desdecirse casi a continuación, como porque no le gusta estar pendiente de la última moda, estrategia o tendencia formativa que alguien ajeno haya pensado para él.

Si yo hago de cada pequeño detalle un acto solemne, si le hago sobrevalorar la forma como coloca el grip en la raqueta o la marca de agua que toma en los entrenamientos, aparte de sentirme bastante estúpido, voy a perder energía con pequeñeces. Siempre he intentado al máximo no perder el tiempo.

Toni Nadal ha tenido muy claro su papel en el entrenamiento: propiciar un despliegue de características y actitudes. La forja del carácter, lo que el llama el tronco de la personalidad, es lo esencial en la formación del atleta. Es necesario que sea fuerte, seguro y bien anclado. Solo a partir de esa base puede entrenarse entonces las ramificaciones y aprender la parte técnica del tenis y todos los detalles que rodean la vida de un tenista profesional: las victorias y las derrotas, el trabajo duro, la popularidad.

Nuestro plan de actuación ha sido pues muy simple. Hay unos objetivos a perseguir, la necesidad de aceptar un trabajo consecuente que yo he dirigido, eso sí, pero también hay que rehuir la bambolla en las estrategias y, sobre todo, no buscar culpables en elementos anecdóticos…
Yo, como entrenador, no logro llegar a teorías muy elaboradas porque se me antojan demasiado complicadas. Lo analizo todo de forma muy simple porque solo así me siento capaz de encontrar las medidas necesarias para resolver el entuerto.

Flexibilidad

Toni Nadal se considera a sí mismo anárquico, poco ortodoxo y cuando menos lateral. No ha seguido los manuales clásicos y no ha encajado en ninguna corriente o escuela.

Desconfía de las complicaciones y de las modas en el entrenamiento, especialmente el exceso de detalles y técnicas importados de los Estados Unidos. Su método se reduce a objetivos claros, ilusión y una exigencia feroz que se impone a si mismo e impuso a su Rafa en sus años de formación.

Dicho esto, llama la atención la ausencia de rigidez de Toni. A lo largo de todo el libro, matiza que el sistema que ha seguido ha servido para él y para Rafa, pero que no quiere ser dogmático en sus apreciaciones. Su propio método está sujeto a cambio continuo y lo que hoy hace hoy puede ser muy distinto a lo que haga mañana.

Flexibilidad no significa ausencia de sistema o de análisis, es justo lo contrario, Toni tiene un carácter sumamente analítico, no en vano es un buen jugador de ajedrez, medita mucho y jamás improvisa en lo primordial. Su punto inicial es la objetividad, cómo son las cosas, y partir de ahí deduce, evalúa y hace comparaciones. Pero tiene su propia forma de hacer las cosas:

Aunque parezca relativo, arbitrario y poco dado a seguir reglas actuales, esto no significa que mi forma de trabajar sea caprichosa y azarosa…
…asimismo mis propias reglas han sido algo cambiantes por estar en constante evolución. Cada valoración, decisión o determinación puede ser momentánea y, desde luego, casi siempre es circunstancial. Por eso mi respuesta más repetida en términos formativos es “Depende”.

Su carácter es discutidor, es buen conversador y le gusta siempre asumir la posición contraria. Si le dices que Messi es el mejor jugador del mundo, te dirá que el mejor es Cristiano; si le dices que Cristiano, te argumentará que es Messi sin lugar a dudas; y si en una conversación hay dos personas que defienden a Cristiano y Messi, te dirá que el mejor del mundo es un tercero.

Es una persona obsesionada con su trabajo y reconoce que le ocupa todo el día. Pero más adelante, explica más en detalle en qué consiste este trabajo:

Mentiría si dijera lo contrario. Lo que es estar en la pista me ocupa unas cuantas horas al día, tres, cuatro a lo sumo. No más que esto. Pero mantengo la cabeza ocupada durante mucho tiempo analizando, examinando y programando. Hay una gran parte de mi trabajo que exigen recogimiento, tranquilidad y sosiego. Exige una soledad que busco, normalmente caminando, ensimismado durante horas por las ciudades en las que estoy o por el campo, si estoy en Mallorca.

rafael nadal pequeño

Lo que comenta Toni corrobora muchos de los estudios sobre práctica deliberada: el trabajo intenso se hace en unas pocas horas al día 3-4, después hay periodos muy largos de descanso.
La razón, tanto para un deportista como para un trabajador intelectual (un entrenador lo es), es que el trabajo agotador e intenso deliberado no se puede sostener mucho tiempo y requiere del tiempo necesario de recuperación y consolidación de lo aprendido.

Otra razón importante es que la meditación y la reflexión requieren tiempo no estructurado yreducción del nivel de estímulos para acceder a un estado mental más disperso en el que se puedan generar asociaciones creativas. Si te pasas el día haciendo tareas, manteniéndote externamente ocupado, quizá te sientas activo y productivo, pero estás inhibiendo un modo mental esencial para la creatividad. De ahí los largos paseos de Toni.

Muchas figuras históricas relatan similares hábitos de trabajo: Darwin caminaba durante horas todos los días, Einstein era aficionado a la vela, muchos escritores recomiendan largas duchas para despejarse y favorecer la creatividad.

Los clásicos hablaban del “solvitur ambulatum”, “se resuelve moviéndose”: hacían referencia al uso de la experiencia para resolver problemas. Pero se puede usar el mismo lema pensando que dando paseos, por entornos naturales a ser posible, puede potenciar un estado mental más propicio para la consolidación de la memoria y los descubrimientos.

Hacer ejercicio para desconectar al final del día o un largo paseo es una excelente manera de conseguir el efecto, siempre y cuando no te lleves el iPod contigo y no sigas conectado a las redes sociales y otras fuentes de distracciones.

Ilusión y objetividad no están reñidas

La primera condición que se debe dar para adoptar la idea permanente de que hay que mejorar es saberse NO suficientemente bueno.

… El que se cree muy bueno haciendo algo, aun siéndolo, abandona la lucha por progresar. Desde muy pronto, cuando Rafael perdía algún partido y me preguntaba por qué había perdido, yo casi siempre le contestaba: “Yo croe que es porque el otro ha sido mejor que tú”.

En la actualidad, la ilusión y la objetividad parecen antagonistas. Se dice de los emprendedores, por ejemplo, que han de practicar el autoengaño para mantener la fe en sus posibilidades, que han de creer en sí mismos más allá de la improbabilidad de tener éxito, que es la única manera de que se arriesguen, porque si hicieran una evaluación absolutamente objetiva se descorazonarían y probablemente jamás iniciarían sus empresas.

Otra variante del argumento dice que uno ha de confiar en sí mismo al máximo y evitar la información negativa que te dice que no puedes, porque si perseveramos todo terminará yendo bien. La confianza lo es todo. Llevado al extremo, este es el argumento del movimiento del pensamiento positivo: si crees que puedes, puedes, visualiza lo que deseas y gracias a la ley de la atracción se hará realidad, el universo se confabula para cumplir tus sueños, y otras paparruchas semejantes.

No es esto lo que dice Toni Nadal:

La ilusión sin esa objetividad que la debe acotar es demasiado pueril… los niños suelen tener sueños elevados y, muchas veces alocados, porque no contemplan sus propias carencias y porque catapultan sus propias facultades antes de adquirirlas.

Por supuesto, cree que uno ha de tener mucha confianza en sí mismo, pero es una confianza en el trabajo y el método resultado de una evaluación despiadadamente objetiva de la situación real, no el resultado del engrandecimiento del ego o la la creencia en unas cualidades especiales o talentos naturales que te aseguren el éxito.

Toni Nadal y Rafa Nadal son exponentes casi puros de la mentalidad de crecimiento de la que tanto hemos hablado en este blog. Creen que cualquier habilidad puede cultivarse y desarrollarse a base de esfuerzo y trabajo, mantienen una concepción dinámica de la personalidad y la inteligencia y no se creen poseedores de capacidades excepcionales o talentos exclusivos.

El problema estriba muchas veces en que preferimos percibirnos como unos auténticos campeones, en que nos gusta catapultar nuestras más corrientes capacidades, en no aceptar nuestras carencias, o simplemente, en no ver objetivamente nuestras características…
…Yo creo que normalmente nos empeñamos en prestar atención solo a lo bueno. O en valorarlo muy por encima de lo que se tiene que mejorar, cuando debería ser al revés.

Rafa recalca a lo largo del libro que su sobrino es una persona normal, si reconoce alguna cualidad especial es su capacidad de trabajo, su deseo de mejorar y su carácter tranquilo y obediente. Es muy revelador que, cuando después de una victoria preguntan a Rafa cuál es su próxima meta, frecuentemente responda que seguir mejorando.

La ilusión es el combustible que nos proporciona la energía, nos empuja a exigirnos más y más todos los días y nunca estar satisfechos; esto es lo que nos hace ir más allá de lo normal, de lo habitual. Sin ilusión, no habríamos empezado el esfuerzo.

En español, hay dos significados de la palabra ilusión: el primero es engaño o apariencia; el segundo, energía, esperanza, entusiasmo, por algún resultado atractivo. Es claro que hemos de promover el segundo y evitar a toda costa la ilusión-espejismo, aunque sea una buena salida ante las verdades incómodas y desagradables y pueda motivarnos en el corto plazo.

Toni Nadal dice que una confianza que dependiera del engaño o una ilusión sobre sobre las fortalezas e ignorancia de las debilidades sería una construcción con pies de barro:

Siempre he considerado que muy pobre es la autoestima del que necesita que continuamente le valoren, e incluso le sobrevaloren, su despliegue de aptitudes.
Si nos preocupamos solo de recalcar lo positivo a los jóvenes que se están formando por temor a que se ofendan, si tememos minar la autoestima del que necesita ser corregido, conseguiremos no corregirlo, por supuesto, pero es que igualmente su autoestima se minará a la larga cuando se soprenda de no conseguir sus propósitos.

Cuando Rafa ganó el campeonato de España de alevines a los 11 años, Toni pidió a la federación española que le enviaran por fax los campeones de las últimas 25 ediciones. Después repasó con su sobrino la lista buscando los que habían llegado a algo en el mundo del tenis. Solo 4 o 5 se habían convertido en tenistas de primera línea, el resto eran desconocidos o estaban ya olvidados.

Esta anécdota muestra el carácter crudamente realista de Toni y su renuencia a engrandecer los éxitos. Le gusta poner cualquier éxito y derrota en perspectiva y mantener la cabeza fría.

Quería que no se lanzaran las campanas al vuelo y que pensáramos que ya habíamos tomado el camino sin vuelta atrás hacia el éxito.

A todo esto añadí más comentarios: Le demostré mi satisfacción por el resultado, pero no mi complacencia. Y concluí: “De ti depende en qué parte de la lista estés dentro de unos años; en la lista de los que fueron campeones, a secas, o en la lista de los que siguieron mejorando y lograron entrar en el circuito profesional”.

Toni concilia perfectamente el realismo con la ilusión, que es imprescindible para los grandes logros:

La ilusión es lo que da sentido a todo, según mi concepto de la vida. Si no tengo ilusión, muy difícilmente voy a perseverar, y por lo tanto, muy difícilmente voy a conseguir nada. Evidentemente, no estoy hablando de la ilusión momentánea y circunstancial de que puede producir levantar la copa en Montecarlo… ¿cómo no te vas a ilusionar el día de la final?… yo no hablo de esto, yo hablo de la ilusión atávica, la que debería formar de nuestra fibra más íntima, la que nos impulsa a hacer las cosas día a día.

Forja del carácter

Para casi todos nosotros la forma más efectiva de conseguir metas es a base de perseverar, de esforzarse, de hacer unos sacrificios, de llevar un orden, una disciplina.
…para la mayoría de la gente, para la gente normal como mi sobrino, es el camino más fácil para alcanzar el éxito.

Toni Nadal choca con estado general de opinión sobre lo que es la formación del carácter y el lugar de la disciplina y el esfuerzo en la infancia y la juventud. Considera que hoy en día se abusa del aprender divirtiéndose y abomina de las familias que ponen todas sus prioridades en el bienestar emocional a ultranza y en toda ocasión de los niños. Muchos padres se han convertido en animadores sociales del tiempo de ocio de sus hijos y parece que algo marcha mal si el chico se aburre o no está constantemente entretenido.

Ahora, en no pocas ocasiones, parece que los padres están supeditados a los deseos de los hijos… Es bastante complicado convencer a nuestros hijos de que ellos no son los reyes de la casa cuando todos nuestros planes están destinados a cumplir con sus expectativas. Mi peculiaridad como entrenador, si es que la ha habido, ha sido intentar desobedecer las normas actuales y seguir el modelo más anticuado de nuestros progenitores.

También cree que tenemos a los niños entre algodones, que les ahorramos el contacto con las dificultades de la vida y el esfuerzo. Este fenómeno lo ve incluso más acusado en las jóvenes estrellas. Puede que trabajen muy duramente en las pistas, pero cuando salen de ellas, les conceden unas atenciones y privilegios casi desmesurados.

Hay chavales que entrenan preparadores duros en la pista pero que después disfrutan de privilegios fuera de ella, que es precisamente lo que les malcría.

Toni ha inculcado en su sobrino la creencia de que fuera de las pistas es uno más y desde joven no ha parado de repetírselo. Jamás piden una mesa especial o atención distintiva en los restaurantes.

En una ocasión en Shangai, un miembro del equipo dijo a Rafa, que iba con polo y bermudas, que en el restaurante de lujo no se podía ir vestido así, pero no importaba porque por ser quien era harían la vista gorda. Toni obligó a Rafa a que fuera a cambiarse. Esta actitud la lleva hasta los detalles más extremos que pueden parecer menudencias insignificantes:

Íbamos andando por la acera Carlos Costa, mi sobrino y yo. Mi sobrino caminaba entre los dos. Al cabo de unos metros, yo desaceleré un poco mi paso para que me cogieran un poco de ventaja y después me coloqué al lado de Carlos, dejando así a mi sobrino en la parte exterior, la que estaba cerca de los coches que pasaban.
—¿Qué haces?, me pregunto Carlos.
—Nada, que no quiero que Rafael se sienta escoltado por nosotros dos.
…Hoy en día, los chicos anónimos, frecuentemente, están acostumbrados a ser el centro del mundo; los que triunfan un poco, lo son casi siempre.

Toni ha sido muy exigente con Rafa durante toda su carrera, aunque la ha ido reduciendo a lo largo de su formación. Para él solo tiene sentido la exigencia hacia otra persona en su etapa formativa. Más allá de una determinada edad la exigencia ha de convertirse en autoexigencia. De otra forma, considera que la formación habría sido un fracaso. Esto conecta con el siguiente punto fundamental en su filosofía vital.

Libertad y responsabilidad

La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo.
—George Bernard Shaw

Desde siempre, su prioridad ha sido la formación del carácter y si hay algo que ha querido inculcarle a Rafa es que los resultados son su responsabilidad, nunca ha querido que elementos externos al juego se usen como excusas. Las adversidades, dolores, calidad de la pista, público, etc., han de ser incorporados como elementos a la acción. Toni odia las quejas y las excusas.

Con la responsabilidad gestionamos lo que depende de nosotros, la persecución de los objetivos que nos hemos marcado. Con la capacidad de aguante, gestionamos lo que no depende de nosotros, es decir, la adversidad.

Toni Nadal cree firmemente en la capacidad del individuo para moldear su destino, cree, como el poeta Yeats, que  los sueños comienzan con la responsabilidad, y cuanto más improbables y difíciles de alcanzar son los  sueños, mayor ha de ser la responsabilidad.

Hoy en día estamos acostumbrados a delegar nuestra responsabilidad en el gobierno o en otras instituciones. Si hay una catástrofe natural, llega un tornado, hay nieve, la gente se indigna porque el gobierno no haya puesto los medios para evitarlo o no les haya avisado con anterioridad; nos desentendemos de las consecuencias de nuestras acciones, de nuestros viajes o excursiones por el campo y esperamos siempre que sean otros los que se responsabilicen y nos socorran si algo va mal, no importa nuestra imprevisión o temeridad.

Para Toni los únicos que en una sociedad verdaderamente adulta deberían estar exentos de ejercer su responsabilidad son los niños, y aun ellos, de forma relativa. Solo en relación a su desarrollo y grado de formación.

En una ocasión en el Torneo de París-Bercy, muy al comienzo de su carrera profesional, llegó Rafa con cuatro cruasanes rellenos de chocolate, poco antes de comenzar el partido, tuvo la gentileza de ofrecer a Carlos Costa y a su tío. Cuando Carlos vio que se iba a zamparse los otros dos le dijo a Toni: “¡No le dejes que se coma esto antes de salir a la pista! Le sentará fatal”. A lo que respondió: No, no. Que se los coma. Como si se come los cuatro el solito. Él ya sabe que no lo tiene que hacer. Solo faltaría que yo tuviera que ser responsable por él. Que se los coma y ojalá le duela el estómago y pierda el partido. Así aprenderá”.

Se los comió, dos de ellos, y salió a jugar. No le dolió el estómago, pero perdió el partido. La lección que quería transmitir era que cuando uno no se acostumbra a no ser responsable de sus actos se pagan las consecuencias.

Toni, como buen maestro, ha ido reduciendo el nivel de control en Rafa Nadal según pasaban los años, pero siempre, incluso desde la más tierna infancia le ha hecho responsable de sus actos. Actualmente, se limita a comentar, a animar en los momentos difíciles y a proporcionarle una opinión muy objetiva que no ahorra las verdades incómodas o desagradables.

En todo caso, el entrenador siempre ha inculcado a Rafael Nadal el principio de exclusiva incumbencia; esto es, todo lo que le ocurre depende de él, y él es el que tiene que solucionar los problemas y sobrellevar las adversidades.

Cuenta como en una ocasión en que no pudo estar presente en la pista en el momento del juego porque tenía que supervisar a otro tenista, un amigo ex-jugador se le acerca y le informa de que Rafa, aparentemente está jugando con una raqueta rota y perdiendo por 6-1. Toni se desplazó a su pista y le avisó. Rafa cambió de raqueta, mejoró su juego, pero ya era demasiado tarde y terminó perdiendo. Al final de partido se reunió con su sobrino y tuvieron una pequeña charla:

—Rafael, ¿me dirás que después de tantos años jugando al tenis no eres capaz de reconocer cuando una raqueta está rota?
La raqueta estaba rota en el marco, no por la parte del cordaje. Cualquiera que haya jugado un poco al tenis aunque sea como aficionado, sabrá que con el marco de la raqueta roto es imposible controlar las bolas. Las bolas se van por cualquier lado.
Su respuesta a mi recriminatoria pregunta fue bastante elocuente:
—Toni, estoy tan acostumbrado a tener yo la culpa de todo que en ningún momento se me ha ocurrido que la responsable de mi mal juego fuera la raqueta. Pensaba que era yo el que lo estaba haciendo mal.

Cuenta Toni este episodio como una situación cómica en la que se su principio de exclusiva incumbencia falló, pero aun así cree que en esta filosofía de vida reside gran parte del éxito de Rafa.

Hay que añadir que el hecho que contar esta anécdota muestra la honradez intelectual de Toni Nadal y su costumbre de poner en duda todo, incluso sus propios principios, buscando todos los casos o excepciones en que no se cumplen. Este hábito tan arraigado en Toni es muy infrecuente, ya que los seres humanos somos habitualmente presos del sesgo de confirmación: buscamos los casos que nos confirmen e ignoramos los que contradicen nuestras reglas o creencias.

El principio de exclusiva incumbencia es fundamental para tomar las riendas de la vida. Es una creencia práctica que debe guiarnos en todas nuestras actuaciones: siempre asumir la responsabilidad de los  actos y no echar la culpa a las circunstancias externas.

No es que no haya adversidades u obstáculos que se interpongan en nuestras metas. Pero no les debemos prestar más atención de la debida y hemos de concentramos en modificar los elementos que estén dentro de nuestro ámbito de control e influencia.

A diferencia, de muchos otros entrenadores, que creen que su función es facilitarle la vida a sus tenistas, que se sientan cómodos en todo momento, Toni Nadal, siempre inquisitivo y heterodoxo, cree que su función es justamente la contraria:

Si nos acostumbramos a que nos resuelvan el mínimo problema, acabaremos siendo incapaces de solventar nada por nosotros mismos. La proliferación excesiva de psicólogos, gurús, coaches, salvadores varios nos ha ido inutilizando en nuestra tarea de ser capaces de superar dificultades por nuestros propios medios.

La excesiva comodidad nos afecta a todos. Las comodidad se torna pegajosa, si es excesiva, e inhibe el crecimiento. La única forma de sacar lo mejor de uno es estar estimulado por la adversidad y estar obligado a descubrir o crear los recursos interiores que nos permitan superar los obstáculos.

Todo deseo tiene que hacer frente a un coeficiente de adversidad que nos opone lo real. Si lo evitamos o lo intentamos reducir perdemos la oportunidad de crecer.

Toni Nadal, siempre claro y directo, extiende sus conclusiones a la sociedad en su conjunto:

El estado de bienestar y comodidad al que hemos accedido nos has beneficiado en muchos aspectos, pero también nos ha debilitado en otros porque nos ha conducido a un terreno donde impera la confusión. Hemos conseguido creer que tenemos derecho a todo, incluso a no sufrir adversidades.

Su forma de hablar, como ves, se aleja mucho del discurso autocomplaciente, paternalista y blando al que estamos acostumbrados en muchos países occidentales.

Humildad

Quien se siente especial por saber hacer una cosa bien, o incluso muy bien, tiene una condición que es incuestionable: es especialmente tonto. —Toni Nadal

Volvemos a la pregunta inicial con la que empecé esta reseña del libro Todo se puede entrenar:
¿es Rafa Nadal tan humilde  y caballeroso como parece?

Con lo que ya hemos visto, ya debería estar clara la respuesta.

Su tío Toni unió sus principios morales y filosofía de la vida al entrenamiento y al deporte. Siempre quiso que su vida normal y deportiva estuvieran en consonancia. Después de todo, qué importancia tiene el hacer pasar una bola por encima de la red mejor que los demás o ser muy bueno en una habilidad cuando hay 2000 o 3000 habilidades en las que puede ser uno bueno.

Toni Nadal no considera que su sobrino sea especial y ha tenido mucho cuidado en hacérselo ver a lo largo de toda su carrera. Por supuesto, su sobrino, como reconoce, es especial “para él”, al igual que sus hijos, pero eso no le convierte en especial en general y por supuesto no le hace objeto de privilegios o atenciones excepcionales.

“Es que tú Toni, has sabido hacer las cosas muy bien”. Yo le contesté: “He sabido lo mismo que sabemos todos. Sé lo mismo que sabes tú. Simplemente, yo lo he llevado a cabo”.
Esa fue mi contestación porque pienso que, en realidad hay que ser muy infantil para no saber cómo formar a un niño, a un hijo a un pupilo. Todos sabemos lo que hay que hay que hacer. Lo que no debe ser tan fácil es llevarlo a cabo, sin excepciones.

Toni Nadal encuentra el significado de su trabajo en la capacidad de superación y los valores que impregnan al deporte bien entendido y no cree que su labor tenga nada de especial. No hace falta creerse el centro del mundo ni mejor que los demás para hacer un trabajo serio y obtener resultados extraordinarios.

A lo largo de casi 20 años ha transmitido estos principios a su sobrino, a veces de una forma cruda. La humildad de Rafa Nadal tiene su indudable origen en Toni. Este puede ser muy duro, a la hora de mantener el ego de su discípulo bajo control:

En muchas ocasiones, hablando de distintos temas, le he dicho a Rafael: “Tú, de aquí (imitando su movimiento de derecha con la mano izquierda) sabes más que yo, pero de aquí (llevándome el índice a la sien y golpeándome dos o tres veces), de aquí, te gano yo. No te quepa la menor duda”… Un chaval que se cría pensando que tiene siempre la razón, que es especial, que lo hace todo bien, carece de armas para elaborar soluciones propias.

Es imprescindible que te obliguen a ser humilde y objetivo contigo mismo. Ambas cualidades no vienen de fábrica. Es imposible que un niño o joven las adquiera por sí solo. Es muy fácil para una persona con éxito tener una idea muy elevada de sí y engañarse sobre el alcance de sus fortalezas y debilidades. Es lo más fácil del mundo. Es por ello que no hay ningún deportista profesional en el mundo que no tenga al menos un entrenador que le proporcione información objetiva sobre sus cualidades y rendimiento.

Quizá no tantos son tan conscientes como Toni Nadal de la necesidad de mantener bajo control el ego de la estrella.

En todo caso, Toni no cree que Rafa sea un modelo de humildad, cree que simplemente es una persona madura y correcta que se comporta como debería comportarse una persona normal. Hasta en este aspecto evita el engrandecimiento y se enfrenta a la sabiduría popular:

Mi sobrino es admirado porque gana. Esta es la pura verdad, el resto son adornos. Y, además, yo no creo que sean tan humilde. Veo que tiene un buen coche, veo que no vive nada mal…

La sociedad sobrevalora el éxito, especialmente de los que son famosos, de los que ganan mucho dinero o de los que destacan en el deporte. Toni lo reconoce y cree que es peligroso tener una consideración distintiva con los que triunfan. Para él, las personas realmente especiales son muy pocas y muchas de ellas no son famosas ni lo serán nunca.

Cualquier gesto de amabilidad o de mera educación en un personaje con éxito lo sacamos de proporción:

Lo que hace Rafael es lo que hace cualquier persona con una educación correcta y con una formación mínimamente deseable. Lo que debería sorprendernos es la actitud contraria porque esto sí que debería considerarse una anormalidad.

Lo que hace distinto a Toni Nadal es la concepción integral del deportista y su visión humanista. Su trabajo ha estado siempre dirigido por objetivos en el corto plazo de dificultad creciente y ha trabajado día a día para ellos, pero a la vez ha mantenido una visión a largo plazo donde tenía absolutamente claro que la formación del carácter, la fortaleza mental, y, si se quiere, espiritual, tenían preferencia sobre cualquier otra consideración.

En opinión de Toni, solo trabajando los fundamentos del carácter, desarrollando la autoexigencia constante y la corrección en su relación con las personas, ha podido llegar Rafa Nadal a lo más alto.

Me satisface que mi sobrino haya alcanzado algunas de las metas de ese sueño que un día decidimos perseguir. Pero esto, por sí solo, no me agradaría si no se hubiera conseguido con las premisas y principios en los que hemos creído desde el principio: el esfuerzo, la constancia, la ilusión, la superación, la responsabilidad y, sobre todo, la corrección.

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