Archivo mensual: octubre 2014

¿SERÁ POSIBLE BAJAR DE LAS 2 HORAS?


Al límite

Hace poco más de un siglo, un grupo de cardiólogos norteamericanos publicó que el individuo, salvo contadas excepciones, no sería capaz de correr un maratón porque era algo inhumano. Cien años después, no sólo recorren esta distancia miles de personas cada año, sino que unos pocos privilegiados se han empeñado en traspasar todos los límites preconcebidos de la distancia más dura del atletismo.

El récord del mundo que estableció en Berlín Dennis Kimetto (2.02:57) ha reabierto el debate sobre si el hombre podrá bajar de la barrera de las 2.00:00 en los 42,195 kilómetros. Atletas, entrenadores, fisiólogos y psicólogos analizan el devenir de la prueba y explican, a favor o en contra, si creen que este registro —otrora impensable— es ahora posible.

En lo que sí coinciden todos los especialistas consultados por MARCA es que los africanos están hechos para correr, fundamentalmente por las condiciones que les rodean desde que nacen.

El estilo de vida, clave
Los 35 atletas más rápidos en maratón —desde Kimetto, con 2.02:57, hasta Matebor, 2.05:25— han nacido en Kenia o Etiopía. «Tienen unas características especiales», asegura Alejandro Lucía, investigador de la Universidad Europea de Madrid. «Han nacido y viven a más de 2.000 metros de altitud y desde niños realizan varias horas de ejercicio al día porque se desplazan corriendo al colegio. Eso les ha permitido desarrollar adaptaciones metabólicas importantes. Nunca existió una superioridad tan grande por parte de un grupo étnico».

Además, su característico tren inferior, con gemelos y sóleos muy finos, les ayuda a economizar la zancada. «Tienen poco peso por debajo del centro de gravedad, por lo que su desgaste es menor. La barrera de las dos horas es difícil, pero no imposible. Algunos estudios hablan de que se logrará en una década.

Técnica de la pisada

​​En línea con las condiciones físicas, aparece la técnica de carrera, que los africanos desarrollan de forma particular. Estos atletas pisan con la parte delantera del pie y eso les permite desarrollar una mayor eficiencia en la prueba, con un menor desgaste. «Su pisada es la de un mediofondista», analiza Antonio Serrano, entrenador de maratonianos como Javier Guerra o Alessandra Aguilar. «Apenas tienen gemelo, lo que les facilita correr de esta forma y mantener ritmos tan elevados durante tanto tiempo. Para hacer 2.03:00 tienen que correr así».

Aunque piensa que el récord del mundo de la distancia aún se mejorará, no ve posible bajar de la barrera de las 2.00:00. «Creo que yo no veré ese tiempo. En 10 años igual se llega a 2.01:50 o algo similar. Una de las claves de estos últimos marcones es que a la naturalidad en su forma de correr se ha unido la profesionalización de sus entrenamientos, dirigidos muchos de ellos ahora por técnicos europeos. Antes, la mayoría no hacía tests ni sesiones de técnica y en la actualidad trabajan como cualquier otro maratoniano».

El escenario ideal
Los especialistas también coinciden en que para ver marcas como las del domingo deben acompañar, además del gran momento de forma del atleta, otros factores, como el clima, el circuito o las liebres. En ese sentido, Berlín se ha erigido como el maratón por excelencia para lograr un récord del mundo. Ocho de los 11 mejores tiempos de siempre en la distancia se han logrado en la ciudad alemana.

Además de las buenas condiciones de temperatura y ausencia de viento, el papel de las liebres en el récord del mundo de Kimetto fue determinante. Acompañaron al keniata hasta el kilómetro 30, hecho clave desde el punto de vista psicológico. «Las liebres liberan de estrés al atleta que está inmerso en la consecución del récord», explica José Carlos Jaenes, responsable de la Unidad de Psicología del Deporte del Centro andaluz de Medicina delDeporte. «Kimetto, durante ese tramo, no tuvo que estar tan pendiente de ritmos ni de tomar decisiones. Eso le resta la aparición de la fatiga, que no sólo está ligada al plano físico».

El hecho de que en los últimos tres años estos atletas hayan bajado en siete ocasiones de 2.04:00 también está relacionado con el perfil psicológico de este grupo de deportistas. «Llevan toda su vida corriendo», analiza Jaenes. «Son valientes en carrera, más arriesgados, no hacen tantos cálculos de ritmos y estrategias, pero también se han profesionalizado lo suficiente como para saber escuchar su cuerpo y tomar decisiones. En su caso, además, hay una motivación socioeconómica importante, porque saben que los premios de estas pruebas pueden ayudar a su familia para siempre».

El psicólogo andaluz, que ha completado 22 maratones, está convencido de que bajar de 2.00:00 es posible. «El hecho de que el domingo se corriera más rápido a partir del kilómetro 30 permite deducir que aún pueden bajar bastante esa marca», asegura. «Kimetto llegó más descansado a la fase clave de carrera y ahí, sin tanta fatiga, pudo pensar claramente para adoptar las decisiones correctas. Los límites no son inalcanzables y en la actualidad hay muchos atletas en esa franja de los 2.04:00».

Mientras que algunos especialistas ven posible bajar de las dos horas, los grandes protagonistas de esta distancia, los atletas de élite españoles, muestran más dudas al respecto. Chema Martínez, subcampeón europeo de maratón, es tajante. «Las 2.00:00 son utópicas», afirma.«Yo no lo veré con mis ojos. La evolución de las marcas en esta prueba ha sido brutal y estamos llegando al tope. Creo que aún se puede mejorar el registro de Kimetto, pero no serán tantos minutos. Y se tendrán que dar también las condiciones ideales».

Otra de las características de este grupo histórico de atletas es que apenas ha realizado incursiones en pista y sus trayectorias deportivas son cortas. «Se han saltado los pasos lógicos de los fondistas de siempre. Se lanzan al maratón muy jóvenes y antes no han corrido pruebas menores, como 5.000 ó 10.000», analiza el madrileño. «Es algo sorprendente, pero les ha ayudado a perder el respeto a una distancia mítica».

Ritmos insostenibles
Para firmar el registro mundial, Kimetto sostuvo un ritmo medio de carrera de 2:55 cada kilómetro, algo complicado de trasladar para los no iniciados en los 42.195 metros. Los atletas de élite lo explican. «Es una barbaridad», incide Javier Guerra, cuarto en los últimos Europeos de Zúrich. «A un nivel de forma óptimo, muchos de nosotros no podríamos aguantar ese ritmo más de 15 ó 20 kilómetros. Cuando les ves correr, tienes envidia sana, pero eres consciente de que estamos a años luz de ellos».

Los keniatas se han empeñado en los últimos años en tirar por tierra las cábalas de los más entendidos. «Yo pensaba que los 2.02:00 eran inviables y ya estamos en esa franja», dice Guerra. «Veo difícil que el récord se siga mejorando con tanta asiduidad como hasta ahora, pero algún mordisco a la marca todavía es posible. Uno de los principales cambios ha sido que los africanos están trabajando la técnica, la forma de impactar con el pie en el suelo. Ahí radica la principal diferencia en las últimas grandes marcas. Pese a todo, veo muy difícil que el hombre baje de las dos horas».

Tampoco Pablo Villalobos cree que el hombre pueda correr en 1.59:59. «Recortar unos segundos es algo que ya tienen ahí, pero aún quedan casi tres minutos para esa barrera y lo veo muy difícil. Pero hay 10 ó 12 atletas que creen que pueden batirlo y eso permitirá que la marca mejore un poco en los próximos años». El debate, sin duda, está servido. ¿Veremos correr el maratón en menos de 2.00:00? Sólo el tiempo lo dirá.

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Un digno perdedor…


Simeone

Sabes, hijo, que no considero que el fútbol sea importante, o desde luego no tan importante como parecen creer todas esas personas, incluidos jefes de estado y de gobierno, que le dedican un entusiasmo tan sincero e intenso como no ponen en otras cuestiones, a lo mejor más dignas de su atención y entrega. Sin embargo, en cualquier aspecto de la vida, por insignificante que sea, te aguarda una lección. Y cualquier hombre, por poco que esperes de él, puede ser el maestro que te la imparta.

Fíjate, por ejemplo, en ese hombre de negro que comparece ante los periodistas, después de haber perdido en el minuto 93 una copa de Europa que lo habría catapultado a la gloria. Fíjate, en primer lugar, en cómo admite que su equipo falló en la segunda parte, en la que el rival lo arrinconó hasta hacerle encajar ese gol lacerante y demoledor en el tiempo de descuento.

Primera lección: no responsabilices de tus fracasos, jamás, a otro antes que a ti mismo. Ni siquiera aunque tengas pretextos. No cargues contra los árbitros, aunque te parecieran adversos; no despotriques contra el rival, aunque la fortuna haya estado de su parte; no mires al cielo para quejarte de que en el momento decisivo no decidiera inclinar la balanza de tu lado sino del contrario. Siempre pudiste hacer más, hacerlo mejor. Hazte dueño de tus derrotas, porque ellas, algún día, servirán para hacerte dueño de tus triunfos; si es que está en tu mano, tu condición y finalmente tu suerte llegar a alcanzarlos.

Es amargo, sí, tenerlo todo en la mano y al instante siguiente ver ese todo en las manos de otro y las tuyas aferrando solamente el vacío. El hombre de negro, con el golpe recién encajado, lo resume a la perfección: “Tenés todo, y tenés nada”. Merece la pena que lo recuerdes, así, con su giro porteño, porque probablemente es la frase más trascendente y significativa de la noche. Mucho más trascendente y significativa, desde luego, que las declaraciones de los vencedores, que no aciertan a salir, tampoco hay que reprochárselo mucho, de los lugares comunes. Todo lo que un día creas poseer, todo lo que sientas que es tuyo, no es más que una ilusión que en cualquier momento se lleva el viento. Lo único que será tuyo de veras es el modo en que lo tengas, mientras te toque llevarlo, y la forma en que lo pierdas, ese día que más temprano o más tarde, puedes estar seguro, acabará llegándote, tal y como el hombre de negro dice, sin transición ni previo aviso. Y entonces, afróntalo con serenidad. Un hombre es la contención que sabe aplicar a sus emociones.

Toma ejemplo del hombre que reconoce la amargura de haber perdido, mientras reivindica el orgullo de haber luchado, incluso cuando las fuerzas ya no estaban con los suyos y el oponente era superior. Que te venzan, pero nunca te rindan.

Y hablando de emociones y vencedores, tampoco dejes que te alteren las exhibiciones que puedan hacer quienes entre ellos no sepan contener las suyas, incluso quienes den en caer en la arrogancia. Piensa que quien se quita la camiseta para lucirse, aunque en ese acto pierda la elegancia en la victoria, hizo un esfuerzo y logró algo que tú no supiste impedir. Ofenderte por ello es mezquindad y resentimiento en los que no debes caer: el estilo consiste, también, en saber convivir con los excesos de los demás, sin hallar pie en ellos para los excesos propios.

En esta noche de mayo de 2014, algunos han llenado un poco más sus ya repletas vitrinas. Otros, no han conseguido nada que poner en ellas, pero han sido dignos perdedores.

No es plato de gusto la amargura, y menos la derrota, pero sazonada así, no mengua sino que hace crecer. Siento que pierdas esta oportunidad. Siento que seas madridista. Con todo el cariño de tu padre, enhorabuena por esa merecida Décima.