La cátedra del fútbol base


Eduardo Domínguez, preparador del Deportivo y profesor universitario, presenta una tesis que crítica la dictadura del físico en la cantera gallega

Estuvo 11 años vinculado al Celta, Miguel Ángel Lotina se lo llevó al Espanyol y a la Real Sociedad y con él llegó al Deportivo para ejercer de preparador físico, pero a Eduardo Domínguez Lago le seduce apartar la vista de la elite para explorar la base. Profesor asociado de la Facultad de Ciencias da Educación Física de la Universidade de Vigo, tiene curiosidad y método, piel de investigador. Acaba de defender su tesis doctoral sobre futbolistas en formación, un trabajo que Lotina tilda de “revolucionario” y que ofrece una reflexión sobre la educación deportiva que reciben los jóvenes. “En el fútbol no está todo inventado”, asegura mientras busca respuestas a sus inquietudes. “Los que estamos a pie de campo tenemos que nutrirnos con metodologías e innovaciones para mejorar el rendimiento del jugador. En otros deportes que no son de equipo están más avanzados”, explica.

Rechaza separar a los niños por puestos y aboga por el “futbolista universal”

En categorías inferiores esa brecha de desconocimiento se amplifica y se replican estrategias de manera equivocada. Ahí inicia su reflexión Domínguez. “Igual hay que modificar tiempos de juego y romper con el modelo de repetir entrenamientos similares a los de los profesionales, porque los jugadores están creciendo y no son capaces de asimilar ese trabajo”. Él propone un entrenamiento adaptado para respetar los tiempos. La recopilación de datos para su tesis se lo ha demostrado. Estudió la evolución de 357 futbolistas gallegos en edad infantil, cadete y juvenil del máximo nivel y encontró datos reveladores. “En algunas cualidades analizadas, los chicos de 15 años obtuvieron valores superiores a los de 18 porque seguramente con éstos no se había estimulado un trabajo más metódico y riguroso”. Los primeros indicadores se recogieron hace seis años. Ahora siente inquietud por saber qué fue de aquellos chicos, sobre todo los que mostraban condiciones para triunfar. Anticipa que a Segunda B “habrán llegado muy pocos”.

Algo falla en la cantera gallega. En Holanda salen jugadores por oleadas. En Asturias durante una época, justamente la de mayor dedicación al fútbol base, florecían los internacionales. En Galicia el último grande fue Fran, que emergió por generación espontánea, sin un entrenador detrás.

“Falla el conocimiento de la evolución biológica de los jugadores”, advierte Domínguez. Ocurre mucho que los clubes promocionan a los chicos más desarrollados que garantizan victorias a corto plazo. “¿Se hacen bien los procesos de selección?”, se pregunta. “Hay dudas ante los virulillas con talento. Aunque tengan lo más importante: la calidad. Si tiene poca fuerza o resistencia la podemos trabajar, pero no se debería descartar a ningún jugador por su físico. Muchas veces la selección se basa en el desarrollo madurativo. Esos chicos acaban en equipos de alto rendimiento y los talentosos en equipos de barrio. Nadie llega a profesional”.

Domínguez alerta sobre valores como la velocidad que ya se pueden pulir a los 10 años -“ya tienen el sistema nervioso consolidado, si quieres estimular la aceleración en un chico de 19 años igual llegas tarde”, sostiene- y advierte de que hay otros como la fuerza, desconocidos en la base. “Son edades en los que predominan sobre todo los aspectos técnico-tácticos. Sería ideal sentarse con los entrenadores y coordinarse porque luego llegan futbolistas a la elite con déficit de trabajo físico y no hay tiempo para mejorar”.

Además, las nuevas generaciones que llegan al fútbol desde las facultades de Ciencias de la Educación Física deben manejarse en un entorno al que llegan capacitados, pero en el que abundan dirigentes aficionados con valores discutibles. Algunas canteras ya discriminan a futbolistas con seis años, una aberración a la que Domínguez suma la importancia de ofrecer al niño una formación multideportiva. “Disciplinas de contacto como el judo aportan capacidad de equilibrio”, ilustra. Pero a los entrenadores no les gusta que se pierda el tiempo lejos del fútbol.

Y muchos les asignan roles desde bien temprano, un error, según prueba su tesis, calificada con sobresaliente cum laude. “Nos encontramos con escasas diferencias en cuanto a capacidades físicas. No como en el fútbol de alto nivel, en el que los mediocentros son mejores en valores de resistencia que centrales o delanteros o en los que éstos dominan en cuanto a velocidad. Eso nos indica el error que supone estandarizar a un niño en edad alevín en una posición. Hay que ir hacia el futbolista universal”.

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