Archivo mensual: diciembre 2011

¿No ser ganso?


Seguramente alguna vez has reparado en la formación que toman las bandadas de pájaros para desplazarse.
Si no lo has hecho todavía, fíjate que vuelan formando una ‘ v ‘ invertida.
Si en algún otoño ves a los gansos dirigiéndose al norte para evitar el invierno, comprobarás que hacen lo mismo.
¡ la ciencia ha descubierto porqué vuelan de esa forma!

Se ha probado que cuando un ganso bate sus alas, produce un movimiento en el aire, que reduce el esfuerzo del que viene detrás. Volando en ‘ v ‘ la bandada completa aumenta más de un 70% su rendimiento, con relación a lo que sucedería, si cada uno volara por separado.
Pero el vuelo de los pájaros que vienen detrás, es independiente del que va adelante. No copian exactamente su vuelo, y se abren un poco de su línea, para tener mayor campo visual.
Los grupos que tienen objetivos comunes, y un claro sentido de la cooperación, no pierden su individualidad, y tienen mayores probabilidades de éxito, porque van apoyándose mutuamente.

Cada vez que un ganso sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, lo que le produce el alejamiento de la bandada. Rápidamente regresa a su alineación, para usufructuar los beneficios del conjunto y hacer su propio aporte al equipo.
Los grupos que evitan actitudes personalistas y se mantienen unidos, tienen mayores probabilidades de éxito, porque ninguno frena la marcha, ni desvía la dirección que lleva el grupo.

Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los lugares de atrás, y otro ganso toma su lugar. Ninguno pelea por el liderazgo, sino que lo comparten, sabiendo que todos a su turno estarán adelante.
Los grupos que no superponen el esfuerzo, ni pierden su energía pretendiendo ganar poder, tienen mayores probabilidades de éxito, porque comparten la gloria de lograr el objetivo, o la frustración de no alcanzarlo.

Los gansos que van detrás, graznan para confirmar su presencia y para alentar a los que van adelante, a mantener la velocidad y a no claudicar pese a las dificultades que vayan encontrando.
los grupos que alientan a sus compañeros tanto en el acierto como en el error, tienen mayores probabilidades de éxito, porque siempre se encuentran cerca del que los necesita, manteniendo alta su moral.

Cuando un ganso equivoca el camino, otros gansos salen de la formación y lo acompañan hasta que retome el rumbo; pero si aquél pretende emigrar del grupo, tomar otro camino, o dejarse morir, lo abandonan; porque no se puede elegir más que un camino, y éste debe ser el que toma el grupo.

Los grupos que ayudan a entrar al que se equivocó, pero dejan salir al que no acepta entrar, tienen mayores probabilidades de éxito, porque saben diferenciar el error, de la mediocridad. ¡ no es ‘botón’ el que sigue al grupo, sino aquél que lo abandona!

Quizás, deberíamos modificar el agravio ” no seas ganso “, por el elogio ” imitemos a los gansos “.

Anuncios

El teatro, drama del fútbol. Just Fontaine


Jugadores simuladores, entrenadores teatrales y jueces incapaces de actuar, interpretan los papeles principales de uno de los dramas del fútbol. El público en general y los fanáticos en particular participan a la fiesta perdida del juego bonito, demasiadas veces convertida en un patético espectáculo de teatro.

Un jugador roza con la mano la cara de otro que cae muerto de dolor en el suelo, el públic en pie, compañeros acosando al árbitro, todos, brazos y gritos al cielo, y el árbitro saca la roja. El “simulador” ha obtenido el premio a la mentira, los compañeros y el entrenador la injusta superioridad numérica y el público el placer del circo romano. El atacante cae espectacularmente y con picardía en el área: el público ruge penalti por reflejo incondicional .. y “lo obtiene” … Viva la mentira, la simulación y el teatro, el drama del fútbol.

Choque, antaño dicho de “hombres”. El “hombre” se arrastra de dolor unos metros, para los más teatrales . Un compañero del agonizante echa la pelota fuera. Este acto dramático siempre se da en momentos difíciles de dominio contrario, porque además de ganar tiempo y de romper el ritmo del rival, se recupera la pelota, gracias a este sucedáneo de fair play, que consiste en devolver el balón al equipo del “simulador” … una patada más al fair play en beneficio del infractor, mientras el muerto resucita milagrosamente y vuelve en seguida al juego.

¿Por qué no mandar al presunto lesionado a la enfermería – unos cinco minutos mínimo, por ejemplo, para ser observado y atendido?

Si así fuera, créanme, ya no habría simulaciones de lesiones. Añadiremos a la infinita lista del teatro del fútbol las incontables reclamaciones de los futbolistas al árbitro en casi todas las faltas, incluso las más flagrantes y escalofriantes, por costumbre o por ganar tiempo… Hay que sancionar severamente el teatro, porque el fútbol no es un teatro, es un espectáculo.

Tenemos que evitar que los niños, como lo he visto y como me cuentan sus padres, imiten a los profesionales del teatro para obtener un penalti: “¿Papá, me he caído bien?” … auténtico y frecuente. Los niños deben emular a los grandes, a los profesionales, pero sólo su juego, sus proezas técnicas, sus disparos y regates…. A los 7 u 8 años, los niños son frágiles e influenciables, y los debemos proteger de esa tendencia a engañar. Hoy, la tele, generosa en repeticiones de faltas y simulaciones, además de informar, tiene que educar. De lo contrario, la televisión y los “piscineros” conseguirán que los futbolistas de mañana sean actores.


20 horas estudiando al Santos


Ganar lo cura todo, así que del rostro de Guardiola no quedaba nada de la tensión con la que ha vivido esta última semana, ni tampoco del cansancio acumulado por dormir poco y trabajar mucho. Tuvo tiempo de salir a cenar una noche con su pareja, de ver ratos perdidos a sus tres hijos y de cenar la noche del sábado con su hermano Pere y su padre, Valentí. Sin Tito Vilanova a su lado, Guardiola buscó y encontró la colaboración de Unzué, la complicidad de sus amigos Jordi Roure y Aureli Altimira, el apoyo de su inseparable Manel Estiarte -que le abandonó un par de días para acompañar a Villa a Barcelona y volvió porque Pep se lo pidió-, y por supuesto, de Domènech y Planchar, sus analistas, a los que ha hecho trabajar hasta decir basta.

Ayer se sentó delante del ordenador a las ocho de la mañana, comió en 10 minutos y se levantó pasadas las cuatro de la tarde. A las cinco dio la charla, sin vídeo ni montaje alguno de por medio. El técnico solo habló a sus jugadores de la pelota, los espacios y la necesidad de asociarse y ayudarse. Guardiola, que visionó al menos seis partidos del Santos entre la semifinal y la final, unas 20 horas de estudio, explicó que llamó varias veces a Tito Vilanova, al que echaba de menos, según dijo tanto como a Afellay y a Villa en la celebración de anoche.

“El partido lo ha ganado Guardiola con su planteamiento. Se ha visto como nunca la filosofía del Barcelona”, asumió Xavi. “La preparación de los partidos es excelente, nosotros solo nos limitamos a llevar a la práctica las consignas del entrenador y es evidente que sabe lo que se hace”, añadió el de Terrassa. “Yo ya dije que si me decía que me tirara por la ventana, me tiraría. Al míster hay que seguirle y lo ha vuelto a demostrar con la variación de llenar el centro del campo. Siempre sabe lo que quiere, lo tiene todo estudiado. Nosotros solo tenemos que adaptarnos”, añadió Alves, que, como todos, se fue del campo con una camiseta conmemorativa de la victoria, con un “2” a la espalda bajo el lema Bicampeones. “Él nos dice siempre dónde encontraremos los espacios y siempre están donde nos señala. Es increíble”, reconoció Cesc. “Es lo que te dice, cómo lo dice, y por qué lo dice. Esa es la clave”, terció Iniesta.

Muricy Ramalho, el entrenador del Santos, insistió también en la trascendencia del planteamiento: “El Barça ha inventado un sistema nuevo: el 3-7-0”. “Eso solo son números”, despejó Guardiola. “Lo que intentamos es que los de delante aprieten, que los de atrás saquen bien la pelota y los del medio controlen y monopolicen. Si perdíamos el control del balón y los jugadores del Santos contactaban con Neymar tendríamos problemas. Todo el mundo ha visto que hemos jugado un gran partido. Tratamos de juntarnos mediante el balón y gracias a la posición conseguimos que la pelota se moviera más que los futbolistas. Nos interesaba pasarnos el balón muy rápido, no que corrieran los jugadores, o sea, lo que ha hecho Brasil toda la vida”.

Convencido de que la defensa del Santos era demasiado recia como para fijarla con tres puntas, suprimió el ataque y llenó el centro del campo, dejando atrás a tres centrales, cuatro si contamos que Valdés actúa como el último defensa. “Un día Pep nos dirá que Alves juega de portero y le creeremos”, bromeó Piqué.

“Nunca había jugado contra un equipo que jugara así”, admitió Ganso, al que Busquets, que recibió los halagos del entrenador, se comió con patatas. Guardiola se negó a personalizar el triunfo en un solo jugador, pero explicó por qué prefirió usar a Thiago antes que a un extremo: “Se ha ganado jugar este partido y, además, va muy bien por alto, así que nos venía bien. Queríamos enganchar mucho a Alves a la banda para abrir el campo y pensamos que Thiago se encontraría al otro lado en muchas situaciones de uno contra uno; y como tiene pase y desborde, porque es muy hábil, decidimos ponerle a él y no a otro”.

Thiago es uno de los nueve jugadores formados en la cantera que integraron el equipo titular anoche, un orgullo para Guardiola: “Han crecido en casa. Para jugar de esta manera tiene que haber algo antes. Si juegan así es porque vieron jugar a los de antes; las generaciones nuevas siempre mejoran a las viejas”. Y, con una sonrisa de oreja a oreja, después de que todo su empeño y todo su talento hubiera dado resultado, pensó en relajarse: “Ahora, un poco de sushi y a celebrarlo”.

mESSI


La leyenda del día que Benítez cambió la historia del Liverpool para siempre.


Benítez no es el entrenador más apegado a la poética del fútbol. Su aproximación científica al juego ha marcado su exitosa carrera y sus equipos, trabajados y precisos, son acusados a veces de languidez emocional. Sin embargo, el día que logró el triunfo más sonado de su trayectoria, Rafa constató que en fútbol no sólo dos más dos no son cuatro, y que es mucho mejor que así sea.

Según se ve todavía hoy en pósters y camisetas en Liverpool, el discurso que dio Rafa Benítez a su equipo en el descanso de la final de la Champions de 2005, en el que perdía por 3-0 frente al Milan, fue el siguiente: “No bajéis la cabeza. Todos los que volváis al campo ahora tenéis que tener la cabeza alta. Somos el Liverpool, jugamos para Liverpool. No lo olvidéis. Tenéis que mantener la cabeza alta por los aficionados. Tenéis que hacerlo por ellos. No os podréis llamar jugadores del Liverpool si bajáis la cabeza. Si creamos algunas oportunidades tenemos la posibilidad de darle la vuelta a esto. Creed que podéis hacerlo y lo haremos. Daos la oportunidad de ser héroes”. Por mucho que entendamos que el momento era emotivo, cuesta creer que Rafa Benítez dijera la última frase. “No, no dije eso. No soy tan poético”, confirma el entrenador con una media sonrisa.

Entonces, ¿es sólo una leyenda lo de su discurso? Lo que está claro es que el entrenador le da más importancia a los cambios tácticos que hizo y a la rocambolesca historia de lo que ocurrió en el vestuario. “Estaba tomando notas cuando acababa el primer tiempo. Tenía que dar la charla en inglés y se iban a perder muchos matices. Mientras lo preparaba nos metieron el tercero, así que tuve que cambiarlo todo en unos segundos”, cuenta.

Aunque no fue el único contratiempo. Benítez recita como si fuera hoy cuál era su plan: quitar a Djimi Traore, que formaba como lateral izquierdo en una defensa de cuatro, y poner a Dieter Hamann en su lugar para que jugara en el medio campo al lado de Xabi Alonso y dejar tres atrás (Carragher-Finnan-Hyypia). Pero cuando llevaba siete u ocho minutos de charla, el fisio le dijo que Steve Finnan estaba mal y que no aguantaría toda la segunda parte. Ya había agotado un cambio (Vladimir Smicer por Harry Kewell en el minuto 23), así que no quería cerrarse esa puerta. Mandó a Traore regresar al once y envió a la ducha a Finnan, “con su consiguiente cabreo”, recuerda el madrileño. La defensa de tres sería Traore-Carragher-Hyypia.

Pero, aparte de lo táctico, ¿cómo se levanta la moral de un equipo que va tan atrás en el marcador? Desde el vestuario se escuchaban los cánticos de los aficionados, así que Benítez apeló a ellos, pero con mucha menos poesía de la que ha añadido la leyenda a la realidad. “Les dije que dieran la cara por los aficionados, apelé a su profesionalidad y les señalé que si marcábamos pronto lo podíamos lograr. Luego he visto en vídeo cómo cantaba nuestra gente al descanso y era algo impresionante“, señala, aunque lo que más recuerda de esos 15 minutos que cambiaron la historia del Liverpool para siempre tiene que ver con la pizarra: “Al final fue un poco caótico, porque hubo que reajustarlo todo en muy poco tiempo. Pero salió bien”, añade.

Lo que ocurrió después es historia. En seis minutos gloriosos, Steven Gerrard, Smicer y Xabi Alonso, que remató un penalti que le había parado Dida, igualaban los tres goles de Paolo Maldini y ‘Valdanito’ Crespo. En los penaltis, el Liverpool se llevó el triunfo. A aquel partido se le conoce como ‘El Milagro de Estambul’ y los lectores del ‘Daily Telegraph’ lo votaron como el mejor momento deportivo de la década, empatado con la final de Wimbledon de 2008 entre Nadal y Federer.

Todavía hoy la gente me para por la calle y me dice que estuvo allí. Nunca ha habido una final más llena de emoción y creo que nunca la habrá”, relata Benítez, que reconoce que “el trabajo da sus frutos, pero el fútbol consta de muchos más factores”. También reconoce que el peso de la camiseta y la mística de los colores del Liverpool, que representan tanto para tanta gente, fueron decisivos. “En otro equipo, con otros aficionados, no hubiera sido posible”, dice. Por si antes no lo había creído, un milagro en Estambul se lo enseñó. Aunque todo fuera mucho menos poético de lo que cuenta la leyenda.