Archivo mensual: junio 2011

“Un ciclista consume al día el equivalente a 15 hamburguesas”


Una carrera como puede ser el Giro de Italia o el Tour de Francia, que dura 20 o mas días, implica un estrés fisiológico tremendo. Ningún deporte y probablemente ninguna actividad humana somete al organismo a un estrés tan importante durante tantos días seguidos. Dependiendo de los kilómetros de la etapa, recorrido e intensidad, los corredores pueden llegar a gastar aproximadamente entre 12 y 17 platos de arroz o unas 15 hamburguesas con queso diarias.

Por tanto es fundamental para los ciclistas ingerir el mismo número de calorías para compensar el tremendo gasto metabólico. Aproximadamente el 50% de la ingesta de esas calorías se realiza sobre la bicicleta, tanto de forma solida, como liquida. Los hidratos de carbono (CH2O), grasas y proteínas son los tres grupos de alimentos existentes (macronutrientes). De todos estos macronutrientes, el más importante para un ciclista son los hidratos de carbono.

Durante el ejercicio, los músculos utilizan los CH2O y la grasa para proporcionar la energía necesaria (ATP) para la contracción. A intensidad de esfuerzo bajas o moderadas, el musculo prefiere utilizar la grasa, la cual es similar a lo que sería en los coches la gasolina diesel, debido a que es un tipo de combustible muy económico al ser ilimitado, ya que hasta el ciclista más delgado tiene unas 100 000 calorías (Kcal) almacenadas en el organismo en forma de grasa.

Sin embargo, a intensidades de ejercicio más elevadas, como sucede en la competición, el musculo necesita contraerse mas rápidamente y la grasa no puede proporcionar lo suficientemente rápido esa energía necesaria de los hidratos de carbono, principalmente de la glucosa, ya que proporcionan energía para la contracción muscular de manera mucho mas rápida.

Los hidratos de carbono se almacenan en el hígado y los músculos en forma de glucógeno. El problema de los CH2O es que, a diferencia de la grasa, su reserva es muy limitada al no poder almacenar más de 500 gramos de glucógeno.

Durante una carrera ciclista, la utilización media de hidratos de carbono es de unos 2-3 gramos por minutos. En una etapa de unas seis horas de duración las necesidades de CH2O pueden alcanzar cerca de un kilo, lo que supone el doble de la capacidad de almacenamiento de la misma en el hígado y musculo.

Si no existe una adecuada ingesta de carbohidratos durante la carrera se llegara a un inevitable vaciamiento de los depósitos de glucógeno y por tanto a la famosa “pájara”. Para evitarlo y proteger niveles de glucógeno muscular y hepático un ciclista necesita realizar una ingesta de entre 70-100 gramos de hidratos de carbono por cada hora de ejercicio. Para ello, los ciclistas ingieren una cantidad increíble de barritas energéticas, geles especiales de glucosa, pastelitos, plátanos…así como una gran cantidad de bebidas energéticas.

Independiemente de los efectos sobre el rendimiento, si un corredor no repone los suficientes CH2O durante la etapa, corre el riesgo de incurrir en un catabolismo muscular. Si existe un vaciamiento de los depósitos de glucógeno, el ciclista no tiene más remedio que utilizar el depósito de reserva, que son las proteínas.

El problema de la utilización de las proteínas es que provienen del propio musculo, por lo que se empezaría a comer a sí mismo para proporcionarse energía. Esto crea una situación de daño muscular y catabolismo, la cual puede ser catastrófica para el rendimiento de un ciclista durante una carrera de más de 2 días e impedir su correcta recuperación. Un ciclista con daño muscular no solo puede perderá la potencia muscular, sino que también se ha observado que pierde la capacidad de almacenar glucógeno.

Sin lugar a dudas, el llegar a una carrera con buenas reservas de glucógeno es fundamental. Para ello es muy importante tener una dieta alta en hidratos de carbono durante los entrenamientos.

Iñigo San Millán es Profesor de la Facultad de Medicina y director del Laboratorio de Fisiología del Ejercicio de la Universidad de Colorado

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Un ejemplo de competitividad.


Keita simboliza, según Guardiola, los mejores valores de la plantilla del Barça .

Lleva días instando a la plantilla a fijarse en Seydu Keita, (Mali, 1981), al que señala públicamente como la cara del mismo grupo. “Juega menos de lo que se merece. Cuando juega, juega bien. Y nunca se queja”, reveló el técnico, que cada vez que le mira a los ojos recibe bondad, compromiso y respeto a pesar de que le relegue al banquillo.

Titular en 12 de los 29 partidos del curso, Keita maneja un concepto del grupo tan espectacular que su única preocupación a estas alturas es que ningún compañero se lesione. “Eso es lo más importante”, advierte; “no tengo motivo para quejarme porque no juegue. Me entreno fuerte y, si juego, trato de dar lo mejor que tengo. La mayoría de los futbolistas somos egoístas, pero yo tengo una vida maravillosa y, aunque juegue solo 15 minutos, prefiero darlo todo a quejarme por no jugar más. Yo soy así y no voy a cambiar”. Asume, en consecuencia, que nadie es más importante en este equipo que Guardiola, “una buena persona”: “Intenta ser justo y nos ha cambiado mucho a todos, del portero a Messi”.

Llegados a este punto, a Keita le gustaría repetir viejos éxitos aunque solo sea para que esta vez su esposa y sus dos hijas lo puedan celebrar con él. “Nunca han venido a verme jugar. Para mí, el fútbol es el trabajo y no me gusta mezclar. Si tenemos la suerte de volver a ganar otra vez, me gustaría que me acompañaran”, dice transmitiendo una bondad absoluta. Al tiempo, matiza su miedo a subir al avión -“no tengo miedo a volar, tengo miedo a morir y no haberme merecido el Paraíso”- y recibe emocionado los elogios de su entrenador y de sus compañeros: “Seydu trabaja, no dice nada, su objetivo es colectivo, por encima de sí mismo y, cuando juega, juega bien”. “El míster no se equivoca”, añade Abidal al hablar de su hermano; “al decir que es la imagen de este grupo porque es una buena persona. Todos le queremos y él lo siente y lo sabe”.

Guardiola está convencido de que, por mucho talento que reúna su equipo, nada les hace más fuertes que tomar como ejemplo a Keita llegados a este punto en el que no hay vuelta atrás.


“Cristiano será un crack a los 38 años.” Di Salvo


El carácter competitivo, la competitividad y el afán de mejora de Cristiano está fuera de todad duda. Así lo asegura Walter Di Salvo, expreparador físico del luso durante su etapa en el Manchester en una entrevista en el diario Marca. “Es difícil decir donde está su techo porque ni él mismo se conforma. Jugará hasta los 38 años en la élite, como Giggs”,destaca. 

Di Salvo ha hablado también de las virtudes que destacan al luso del resto.” Mucha gente habla de su físico, de su explosividad, de su fuerza y la clave está en su cabeza. Es el futbolista más ambicioso que he conocido. Tiene una mentalidad diferente a la de otros cracks”, indica el preparador quien revela algunos de los hábitos que han llevado a la cumbre al delantero. “Es un inconformista, un amante del trabajo. No sólo cuida su alimentación, sino que le da mucha importancia al descanso. Mide todo lo que come, lo que bebe y las horas que necesita descansar”, asegura.

“No se da un capricho-prosigue Di Salvo-le encanta la pasta, por ejemplo. En igualdad de condiciones con otros atletas les supera por su ganas de progresar, de ser el número uno. Esta mentalidad le permite seguir creciendo cada temporada”.

Para mostrar la singularidad de la estrella blanca Di Salvo narra una anécdota. “Después de provocar la expulsión de Rooney en el Mundial de Alemania em 2006, la prensa y los aficionados ingleses se pusieron en su contra Nunca se hundió. Aguantó todo tipo de insultos, de recibimientos desagradables. Se callaba y jugaba a un nivel altísimo, marcando muchos goles y convirtiendo las críticas en elogios“,reveló.


“El once contra once es el cáncer del fútbol base” Horst Wein


-¿Qué pretende con nueva publicación‘Mi diario de fútbol’? -El problema del fútbol base en todo el mundo es que los técnicos conocen bastante bien el fútbol pero no conocen a sus niños que consideran a los niños como adultos. ‘Mi diario de fútbol’ les ayudará a enfocar su enseñanza desde el punto de vista de un niño de 10 años.

-Usted también escribió ‘Fútbol a la medida del niño’. ¿Qué novedades aporta ahora? -Con el diario sólo pretendo convencer a los formadores a adaptar el juego de fútbol y su entrenamiento a la medida del niño desde otro punto de vista, desde el del niño

 -¿Cómo se le ocurrió algo tan original? -Es una idea de un amigo uruguayo (Jorge Norvay) cuyo “Mi diario de hockey’ fue premiado por el Comité Olímpico Uruguayo.

 -El niño protagonista se llama Nicky. ¿Cree que hay muchos Nickys? -Nicky es el prototipo de niño que espera mucho de las sesiones de entrenamiento pero que se queda desilusionado porque recibe el trato de personas que han sido formadas como entrenadores de fútbol que van a enfocar la victoria y no por formadores. Después de no haber encontrado con los adultos han decidido a enseñar a niños.

-Y eso es un problema, ¿no? -Eso no ocurre en la enseñanza publica porque hay especialistas para parvularios, educación elemental, secundaria y universidades.

-Usted dice que a un niño se le trata como a un adulto. Póngame un ejemplo. -Compite prematuramente en el 11 contra 11 en un campo demasiado grande y con un balón demasiado pesado y en todos lados se le obliga a jugar como a un adulto. En matemáticas recibe clases de sumar y restar, antes de aprender a multiplicar y dividir y después de pocas pruebas lo acierta todo.  Pero en el fútbol de 11 contra 11 no acierta casi nunca. No hay ningún niño que cometa más acciones positivas que negativas.

 -¿Por qué no se educa a los entrenadores para enseñar a niños? -La culpa es de nuestro sistema porque no existe una especialización. Sería aconsejable adaptar el fútbol y su enseñanza a la capacidad física e intelectual del niño. En cualquier club de España los niños de 8 años hacen casi los mismos ejercicios que los de 10, 12 o 14.

-¿Ese es el error más común? -Es lo más fácil. Nosotros transferimos algo del fútbol profesional al fútbol de los niños. Los niños ya lo hacen pero no se identifican con el método del técnico porque son niños y tienen otros deseos y expectativas que los adultos.

-Entonces, ¿no se les enseña bien? -No se les enseña a pensar y a entender lo que están jugando. ¿Quién está estimulando el pensamiento del joven? El técnico quiere demostrar lo mucho que sabe y sólo se dedica a instruir. En el fútbol alemán no tenemos gente creativa porque en los últimos 20 años sólo se han dedicado a adiestrar a los jóvenes sin considerar que el fútbol empieza con la cabeza y termina con los pies. .
-Usted ha viajado mucho. ¿En qué país cree que se trabaja mejor con los jóvenes? -Prácticamente en ninguno. Pero el fútbol, en los próximos diez años, habrá un vuelco impresionante. Va a mejorar mucho.

-¿Por qué? -Cambiará el estilo de la enseñanza para que el protagonista sea el niño, no el técnico. Todavía se enseña como hace 100 años. El técnico domina casi todo y los niños deben obedecer. Se dice que el obstáculo más grande para el progreso en el fútbol es la fuerza de la costumbre. Es muy fácil continuar con lo de siempre sin dudar sobre lo que hacemos. Invito al formador a través de “Mi Diario de Fútbol” a dudar y llegar a la conclusión que el 11 contra 11 es el cáncer del fútbol.

 -¿Cómo dice? -Cada sábado, cuando voy en Cataluña a los campos de fútbol veo a todos los niños jugando 11 contra 11. En un saque de esquina, muchos niños acuden al punto de penalti para copiar lo que ven por la tele. Pero nadie tocara el balón que en más de 100 años no ha llegado ni una solo vez cerca al punto de penalti por falta de fuerza explosiva del niño en el saque de equina.

-¿Y qué alternativa propone al 11 contra 11? -En el 11 contra 11 durante 90 minutos nadie toca el balón más de 90 segundos. Así un niño que participa en las competiciones oficiales pierde toda la mañana para tocar el balón sólo pocos segundos. Con este sistema no llegamos a ninguna parte. Sería mucho mejor que los más jóvenes jugarían tres contra tres a cuatro porterías para estimular su capacidad de percepción, su toma de decisiones y también su creatividad. Serán protagonista del juego y marcan varios goles. En vez de orientar, como ocurrió tradicionalmente, nuestra enseñanza principalmente en la ejecución de gestos técnicos, se estimula gracias a las 4 porterías capacidades imprescindibles para jugar bien al fútbol: la percepción, la toma de decisiones  y finalmente la ejecución. Gracias al Mini Fútbol se inicia el juego de fútbol en la cabeza y no con los pies ! ¡ Jugar sin pensar es como tirar a portería sin apuntar!

-Usted ha trabajado como profesor o conferenciante en 52 países. ¿Dónde han cuajado mejor sus métodos? -La Federación Danesa ha decidido cambiar radicalmente el desarrollo del fútbol desde la base, así como la Federación de Australia y Nueva Zelanda. En Uruguay tuve durante un fin de semana a 868 técnicos en un curso y en Colombia formé ya  más de 2.000 formadores. En Suramérica la gente tiene mucha ‘hambre’ de fútbol, pero en España…

-¿Qué ocurre? -Aquí hay muy poco movimiento por parte de las Federaciones. En Italia se publicó hace 15 años ‘Fútbol a la medida del niño’ en italiano. Ángel María Villar lo vio en la Escuela Nacional de Entrenadores y se preguntó por qué no se había publicado en España. Esto ha sido hace 10 años y hace dos años se hizo una nueva edición en Madrid en dos volúmenes. .

¿Qué diferencia hay entre un entrenador y un formador? -El entrenador debe conseguir resultados y el formador, con un método integral, forma al niño como persona para capacitarle y, más tarde, ofrecerlo a un entrenador profesional para que aproveche sus habilidades.

-Se confunden habitualmente, ¿no? -Sí, pero normalmente no hay formadores. ¿Qué es más importante: formar o ganar? Todo el mundo va a ganar, pero no conviene en edades tempranas. Tener una copa más en nuestra escuela del club significa muchas veces perder a un jugador importante para el primer equipo.

-¿Por qué?
-Si vas a ganar debes jugar una especie de  “antifútbol”, más contra que con el balón.. Para ganar los técnicos condenan a sus niños a jugar siempre en la misma demarcación en vez de dejarlos rotar en las posiciones para poder ganar valiosas experiencias, lo que es fundamental.


El secador de pelo. Sir Alex Ferguson


Cuando el árbitro pitó el final del partido, la afición y los jugadores del Aberdeen estallaron de alegría. Todos cantaban, brincaban, se abrazaban, coreaban himnos, se revolcaban por el césped… Entonces, las cámaras de la televisión escocesa requirieron unas palabras del triunfante entrenador. Alex Ferguson apareció con cara de acelga, como si le acabaran de poner una multa, y ni siquiera dejó que el ingenuo entrevistador le felicitara. Con su acento imposible, escupiendo las palabras, le cortó:
– «Vaya mierda de partido hemos hecho. Algunos de mis jugadores, como Miller o McLeish, parecían ir con ellos. Menuda vergüenza. A mí no me importan los títulos. Esto es inaceptable. En ganar así no encuentro gloria ninguna».
Treinta años después, Alex Ferguson se ha hecho más viejo y mucho más rico. También ha ganado muchos títulos británicos y europeos e incluso ha sido nombrado caballero del imperio británico por la reina Isabel II. Pero sigue conservando su acento escocés, su fe en el socialismo y un carácter de mil demonios.
«Antes jamás había tenido miedo de nadie, pero… desde el principio él se comportó como un bastardo aterrador. Si no conseguía lo que quería, se volvía feroz, sacudiendo codazos y patadas a diestro y siniestro». Bobby McCulley, discípulo de sir Alex Ferguson en el East Stirlingshire, el primer club que dirigió, no guarda buen recuerdo del entrenador escocés. Otros jugadores lo tienen en mayor estima, aunque todos coinciden en reconocer que su mal genio no es exactamente un mito: «Tenía dos caras. Es cierto que a veces volaban cosas en el vestuario, pero también podía ser encantador», resume Viv Anderson, un lateral derecho inglés que triunfó en el Manchester de los años ochenta.
Desde entonces, las canas no parecen haber calmado el volcánico temperamento de sir Alex, que todavía practica en el vestuario su estrategia favorita de castigo y motivación: el ‘secador de pelo‘. El nombre metafórico se lo inventó Mark Hughes, un viejo ariete del Manchester y del Barcelona, que lo sufrió en algunas ocasiones. Cuando un jugador lo hace mal o desobedece sus órdenes tácticas, lo llama nada más acabar el partido. Delante de todos, en el vestuario, pega su nariz a la nariz de su víctima, lo mira fijamente, con los ojos inyectados en sangre, y le suelta una bronca monumental, aderezada con gritos, insultos, manoteos y algún que otro salivazo.
Ferguson no se corta ni con sus estrellas. A David Beckham no le perdonó su matrimonio con Victoria, la ‘Spice Girl’ pija: «Casarse y meterse en el mundo del espectáculo es un problema; su vida jamás será la misma. El fútbol pasará a ser una parte muy pequeña», vaticinó. Ahí empezaron sus problemas con un chaval al que de vez en cuando llamaba «chulo londinense», pero al que casi había amamantado. Un día, enojado con él en el vestuario, le tiró una bota y le hirió en un pómulo. Ni sir Alex ni Beckham han querido hablar jamás de lo sucedido: ni han confirmado que el entrenador le causara esa herida en el rostro ni han desvelado por qué.
Cuando Ferguson se enfada, todo corre peligro: si pilla a mano una bota, la lanza; si está bebiendo té en un tacita, la estampa contra el suelo o se la arroja a un jugador. En una ocasión, según reveló ‘The Guardian’, sir Alex estaba soltando una bronca monumental a sus pupilos. Irritado con el mundo entero, pegó una furiosa patada al cesto de la ropa sucia y unos calzoncillos sudados cayeron en el rostro de un jugador, cuyo nombre no llegó a trascender. El tipo, aterrado, se quedó con ellos pegados en la cara, sin atreverse a quitárselos, mientras Ferguson acababa su terrible filípica. Cuando se cansó de soltar improperios, el entrenador escocés reparó en la ridícula pinta de su futbolista:
Y tú… ¿Quieres quitarte esos putos calzoncillos de la cabeza? ¿A qué demonios estás jugando, chaval?
El interpelado tragó saliva, se quitó la ropa interior de un manotazo y calló.
Esta cara amable y paternal del monstruo es la que probó, por ejemplo, el barcelonista Gerard Piqué, al que fichó cuando era un juvenil: «Para mí fue un segundo padre. No solo me ayudó en lo futbolístico, sino que hasta se preocupó por buscarme casa».