Archivo mensual: marzo 2011

“Perfil del Competidor”


Cantera del Real Madrid

Javier Lozano estima que “la diferencia entre un gran jugador y otro normal es la cabeza. Si tienes equilibrio emocional serás capaz de rendir al máximo en todas las capacidades deportivas, tanto física, como táctica y técnicamente. Puedo asegurar que la selección española de Fútbol Sala no era física ni técnicamente superior a ninguna, pero gracias a su fortaleza mental fue capaz de ganar el Campeonato del Mundo dos veces”.

El “Proyecto Cantera” es un proyecto de largo plazo. García de Tomás considera que “en todos los temas relacionados con el desarrollo de canteras tienes que trabajar con plazos largos, a 5 o 10 años. La meta de este proyecto es que sea una aportación trascendente en el tiempo en el sentido de que la cantera dentro de 5, 10 o 20 años pueda seguir utilizando las metodologías que ahora aplicamos. El desarrollo, y más cuando hablamos del carácter, es un tema a trabajar a largo plazo”.

Una visión integral del jugador:

  • ¿Cómo piensa?
    • Decide muy rápido.
    • Piensa y ejecuta lo que considera correcto muy deprisa.
    • Toma decisiones adecuadas a cada momento del partido.
    • Entiende y se adapta a los diferentes micro-partidos que se desarrollan.
  • ¿Cómo siente?
    • Quiere ganar siempre.
    • Sólo se conforma con ganar.
    • Se esfuerza siempre al máximo.
    • Siempre quiere mejorar.
    • Siempre juega bien. A veces, muy bien.
  • ¿Cómo se relaciona?
    • Hace lo que sabe hacer por y para el bien del equipo.
    • Sacrifica el lucimiento personal por el bien del equipo, juega para el equipo.
    • Tiene ascendencia, dice lo que hay que hacer y los demás lo hacen.

    Está dentro del juego, es muy activo tiene en cuenta a otros y otros le tienen en cuenta.

Como corolario de todo el proceso, Carlos Monserrate explica: “Es cierto que no existe un único carácter o temperamento, una única personalidad, no se puede hacer un “molde de jugador”. Al mismo tiempo, sí podemos asegurar que existe un perímetro de valores, motivos y conductas comunes”.

En el deporte existen cuatro planos en los que hay que trabajar para ayudar a los chicos a desarrollarse como deportistas y como personas:

El Plano Técnico (el dominio del balón), el Plano Táctico (lo que hace referencia al juego colectivo, a cómo se interpreta el juego, a cómo colaboras con tus compañeros), el Plano Físico (lo que se denomina “la construcción del atleta) y el Plano Mental (el que marca el carácter).

En este último es en el que son relevantes las aportaciones de la gestión de personas. “Es un plano en el que quizá podamos aportar un 1 por ciento. Pero eso es mucho. La diferencia entre ganar una Liga o perderla puede ser una cuestión de un 1 por ciento, por eso intentamos cuidar todos los detalles en todos los planos”, dice García de Tomás. Por tanto, es preciso definir qué es un competidor e identificar lo que describe, explica y diferencia su carácter. “Es lo que queremos condensar en la expresión “El Perfil del Competidor”.

Anuncios

Vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre…


“En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre”.

Se escucha mucho la pregunta ganar o jugar bien. Creo que debería ser una afirmación: jugar bien para ganar, y no una interrogación entre dos opciones.

Un buen entrenador debe acercar a sus jugadores a su máximo potencial, o descubrirlo. Esa es su principal función.

Las operaciones y los cambios se hacen en la victoria, no en la derrota. La adversidad es el momento de observación de las cosas.

Yo siempre les digo a los muchachos que el fútbol para nosotros es movimiento, desplazamiento. Que hay que estar siempre corriendo. A cualquier jugador, y en cualquier circunstancia, le encuentro un motivo para estar corriendo. En el fútbol no existe circunstancia alguna para que un jugador esté parado en la cancha.


Arrigo Sacchi


DI STÉFANO Y LUISITO SUÁREZ

“Desde que tenía 6 ó 7 años, soñaba con el fútbol. Me encantaba cómo jugaba Alfredo di Stéfano y después Luisito Suárez. Como jugador, empecé como extremo derecho, luego medio derecho, después lateral derecho y más tarde acabé fuera del campo aunque en mi interior siempre tuve la voluntad de enseñar. Yo lo daba todo y lo pedía todo”.

SUS MAESTROS

“Aprendí de todo el mundo. Cuando era técnico del Milan y de la selección, iba a ver a entrenadores de Tercera. De todo se puede aprender. En mi carrera siempre tuve un asistente, Natale Bianchini, que daba la vuelta al mundo para ver a grandes técnicos y me hacía informes. Fue a ver a Cruyff, Maturana, Lobanovsky, Rehhagel, Eriksson, Boskov… Una vez, me invitaron a una universidad cuando fiché por el Milan y me preguntaron cómo podía enseñar a los jugadores sin haber sido un buen jugador. Nunca pensé que para conducir un caballo debes ser antes un caballo. No hay una regla. Lo importante es la voluntad para mejorar”.

EL ‘SEÑOR NADIE’ DEL MILAN

“Cuando llegué al Milan desde el Parma, que estaba en la Serie B, la prensa tituló: ‘Llega el señor nadie’. Ganamos (1-3) el primer partido en Pisa, luego perdimos (1-0) en la UEFA en Gijón. El domingo caímos (0-2) ante la Fiorentina en San Siro. El lunes, Van Basten me criticó porque no conocía la prensa italiana. Yo no dije nada. Al domingo siguiente, en Cesena di la alineación y puse a Marco de suplente: Le dije: ‘Ya que sabes tanto de fútbol, me dirás dónde estoy equivocándome’. Mandé una señal. El liderazgo no era de Van Basten sino del club y yo era un hombre del club. No ganamos (0-0), pero ni Berlusconi ni Galliani dijeron que yo estaba loco por no alinear al mejor jugador. El club me dio autoridad, tranquilidad, confianza y seguridad. En ese momento, yo podía ser un innovador. Ese año ganamos el ‘scudetto’. Hace poco tiempo me llamó Van Basten y me dijo que entendía los problemas que me creaba como futbolista”.

EL RELAX ERA EL PARTIDO

“Antes de los encuentros, decía que ganaríamos si jugábamos como entrenábamos. En los entrenamientos no disfrutábamos nada, sufríamos mucho, pero disfrutábamos en los partidos. En la Supercopa europea empatamos (1-1) en Barcelona con medio equipo titular. Trabajábamos demasiado. Un día vinieron Wenger y Houllier a Milanello y me dijeron que nunca habían visto a ningún equipo trabajar tanto. El domingo era el momento de alegría, del relax. Hace unos años, en un Ajax-Milan, le pregunté a Van Basten qué pensaba de Koeman. ‘Es un buen entrenador, duro, pero no tanto como usted’, me explicó Marco”.

UNA PRESIÓN BRUTAL

“Me gusta un fútbol en el que el equipo tiene el control del balón y busca la portería contraria. En aquel Milan hacíamos el ‘catenaccio’, pero en el área del rival”.

SER EL MEJOR DURA UN DÍA

“Empecé mi carrera como entrenador en 1973. Sólo tuve una incertidumbre en mi vida: que se podía hacer algo mejor. Con el Milan ganamos la Liga, la Copa de Europa, la Intercontinental y en la fiesta por la noche, Tassotti me dijo: ‘Ahora somos los mejores del mundo’. Y le contesté: ‘Sí, hasta la medianoche. Mañana empezamos otra vez’. Siempre trabajé pensando en que lo que se hacía podía mejorarse. Eso te da mucha fuerza pero te consume mucho”.

EL FÚTBOL, SÓLO CON AMOR

“Siempre pedí el máximo empeño a los jugadores, que hicieran las cosas con amor. Ahora no tengo ese amor por ser entrenador. Yo no me quedo en un sitio por el dinero o el prestigio. Tengo que tener un buen ambiente”.

UNA IDEA ANTES QUE NOMBRES

“Un equipo que quiera escribir una página en la historia debe tener lo que han tenido los grandes desde1940: ser el dueño del balón, del campo y tener la iniciativa. Para ello, ficharía jugadores complemetarios con esas cualidades. Si tienes a Figo y fichas a Beckham, es un error”.

EL ROCE CON ROBERTO BAGGIO

“No tuve ningún problema. Sólo le cambié en el Mundial’94 ante Noruega en el minuto 22. Nos habían expulsado a Pagliuca, estábamos a 40 grados y él no corría. Preferí tener gente que luchaba. Al final ganamos y él completó un gran Mundial”.

LOS AFRICANOS, SIN COHESIÓN

“¿Tiene futuro el fútbol africano? Me hicieron la misma pregunta en 1979. Quizá llegará un día. En deportes individuales, los africanos ya están pero en deportes de equipo deben resolver sus problemas. Tienen 100 etnias distintas que no se entienden. ¿Cómo pueden formar un equipo? Uno piensa negro, otro azul, otro amarillo y otro verde. Así no se puede formar un grupo psicológico. Sin éste, no hay sinergias y la fuerza de uno no vale. El fútbol es algo muy complicado. Muchas personas creen que es sencillo pero gestionar personas no es fácil. Y si cobran millones aún es más complicado. Hay que tener una idea clara y un club que te respalde totalmente”.


La clave del éxito, en el cerebro


Las rachas positivas son algo más que pura suerte. Detrás de todo hay un por qué y una razón de ser, y como casi siempre, nuestro cerebro tiene mucho que ver. Así se deduce de un estudio de la Universidad de Massachusetts, que ofrece nuevos indicios sobre la forma en que aprendemos de las experiencias positivas y como éstas pueden definir nuestro futuro.

“El éxito influye sobre el cerebro mucho más que el fracaso”, afirma Earl Miller, neurocientífico del Instituto de Tecnología de Massachusetts, que dirigió la investigación. Miller explica que los fracasos quedan impunes, mientras que los éxitos hacen saltar las alarmas y generan un placer que nos predispone al éxito.

Este sentimiento de éxito provoca en el cerebro una oleada del neurotransmisor dopamina, que transmite a las neuronas que acaban de dar con un filón de oro, con el elixir del triunfo. Tal y como afirma el estudio, haríamos bien en prestarle más atención a nuestro cerebro y en animarle conscientemente a aprender del fallo un poco más de lo que haría espontáneamente y a canalizar las buenas rachas.


“Está claro que la única manera de prevenir lesiones musculares es…


Javier Miñano, preparador físico de la selección española, considera el origen de las lesiones musculares.

“Está claro que la única manera de prevenir lesiones musculares es realizar un trabajo controlado. Se deben programar objetivos principales para todos, pero además es necesario trabajar cualidades físicas complementarias y esto puede hacerse al inicio de un entrenamiento, de forma personalizada”.

Para Miñano, que fue anteriormente preparador físico del propio Madrid –hace cinco años–, del Fenerbahce y del Racing, es muy importante “detectar las asimetrías musculares”. “Me refiero”, matiza, “a desequilibrios entre músculos anteriores y posteriores (por ejemplo, en el muslo) y a diferencias entre el lado derecho y el izquierdo. Un futbolista siempre tendrá ciertas asimetrías, pero deben minimizarse para que no haya desequilibrios lesionales”.

Las investigaciones más recientes han revelado que sólo existe una forma de prevenir las lesiones musculares. Los especialistas ya saben que sólo existe una vía para reducir la aparición de lesiones musculares: el entrenamiento de la fuerza.

Javier Miñano resalta que “el fortalecimiento muscular es la mejor herramienta para la prevención. Hay que identificar las debilidades y trabajar específicamente esos músculos”.

La doctora Ana Isabel de la Torre, médico del Getafe, ha visto este año una reducción drástica de las lesiones musculares en su equipo. “Una razón es que este año jugamos menos entre semana y la otra es que hemos aumentado el trabajo de prevención con ejercicios de fuerza en los isquiotibiales (cara posterior del muslo), el recto anterior (cara anterior del muslo) y el sóleo (músculo profundo, cubierto por los gemelos). Son los tres puntos débiles del futbolista”.

La realización de ejercicios de musculación para fortalecer los muslos es, según todos los estudios, el método más eficaz de prevención. En concreto, es la parte posterior del muslo (encargada de flexionar la pierna) la que debe fortalecerse para evitar desequilibrios.

Los problemas más frecuentes (se les ha bautizado como lesiones del velocista) son las roturas de los músculos de la región isquiotibial; es decir, la cara posterior del muslo, donde destaca el músculo bíceps femoral.

La superior fortaleza del cuádriceps, el potente músculo que extiende la pierna (situado en la cara anterior del muslo), es la que rompe los músculos de atrás, más débiles. Específicamente, los expertos recomiendan el llamado trabajo excéntrico de isquios para eliminar los desequilibrios al fortalecer y prevenir lesiones en la parte posterior del muslo.

El entrenamiento de la fuerza es fundamental en el fútbol y no sólo por su faceta de prevención de lesiones. La fuerza, según los fisiólogos del deporte, es la mejor manera de mejorar la velocidad en carrera.

El doctor César Cobián, ex médico del Deportivo y actualmente médico del Castellón: “Lo que sí está claro es que hay que entrenar la llamada fuerza excéntrica y esto se hace generalmente con máquinas de pesas, pero nosotros también lo hacemos con gomas”.

Para el doctor Cobián, “lo primero que se debe hacer es un buen diagnóstico. Hay que estudiar detenidamente los grupos musculares y ver el estado constitucional de cada deportista. Y existe otra clave oculta que a veces se escapa: hay que analizar la forma de correr de cada futbolista. Esto es determinante”.


Ronaldo, el poder del gol


El delantero iluminó el mundo con su eterna sonrisa y respondió con regates y dianas a los rivales y a sus maltrechas rodillas

Su cuerpo dijo basta. No lo tenía en mente, pero se desmoronó. La derrota en la Copa Libertadores con el Corinthians -ante el Deportes Tolima, de Colombia- y una lesión muscular fueron definitivas. “No quiero engañar a nadie, ni a mí mismo, por mi historia”, le sollozó por teléfono Ronaldo Luís Nazário de Lima (Río de Janeiro, Brasil; 1976) a su agente y amigo, Fabiano Farah, hace unos 10 días. El mejor futbolista del mundo (1996, 1997 y 2002), el máximo goleador de los Mundiales con 15 tantos, tomó la decisión al día siguiente. “Estoy muy cansado. No tengo ganas de luchar más. El placer es menor que el sacrificio”, le dijo a su otro gran amigo y fisioterapeuta personal, Bruno Mazziotti. “Se acabó mi carrera. Perdí por mi cuerpo”, anunció con lágrimas. Era el adiós del delantero más resolutivo y risueño, ya con una barriga prominente y las rodillas como punto flaco.

Le descubrió Jairzinho. Ahorró para pagarse el billete de autobús, directo a la escuela del Flamengo, el club de su corazón y de su ídolo, Zico. “Vuelve mañana”, le dijeron al pequeño Ronaldo, con el bolsillo vacío y sin posibilidad de regresar. Ahí se acabó el Flamengo y empezó su historia desde las entrañas de Bento Ribeiro, suburbio de Río.

Un “niño” en Holanda. De la mano de su madre, Ronaldo aterrizó en Eindhoven para instalarse en el céntrico piso que le había puesto el PSV, todo repleto de aparatos de Philips, aún patrocinador del club. “Era pequeño, pero cómodo”, recuerda Gica Popescu, compañero suyo en Holanda, una especie de padre que le orientó en sus primeros pasos por la ciudad. “Pero le costó adaptarse un poco”, explica el entonces zaguero Stan Valckx, “porque hablaba muy poco el inglés, no entendía el holandés y, sobre todo, era un niño”. Ronaldo, con el tiempo y como buen brasileño, aclaró el motivo principal de su morriña: “En invierno se alcanzaban los 20 grados bajo cero… ¡Y uno no podía entrenarse con ese frío!”.

Obstáculos que no le impidieron desarrollar su propensión a las bromas. “Le gustaba esconder las cosas de los demás, poner apodos, incordiar…”, cuenta Valckx. “Era tan alegre que no te podías enfadar con él”, remarca Popescu. Tampoco el frío le negó la suerte del remate: 55 goles en 57 encuentros. “Tenía demasiado talento para notar la presión. Jugaba y marcaba”, conviene Valckx; “fue tal boom que pronto estaba preparado para el siguiente paso”. El Barcelona. “Pero el PSV y las autoridades brasileñas [en concreto, el seleccionador, Mario Lobo Zagallo] nos pusieron muchas trabas”, desvela Joan Gaspart, entonces vicepresidente azulgrana, que en 1996 viajó a Miami, donde la canarinha preparaba los Juegos Olímpicos; “nos prohibieron hablar con el jugador”. Hasta que Ronaldo se enteró y les invitó a su habitación, donde le hicieron una revisión médica de mala manera. “Ahí también se firmó el contrato, que ni se leyó”, aclara Gaspart. “No me hace falta”, respondió Ronaldo; “con esta firma cumplo mi sueño”. Duró poco.

Apuestas con Popescu en el Barcelona. Ronaldo aún era un niño en el Barcelona. “Me lo demostró en la final del Trofeo Gamper, ante el Inter, cuando se le reventó una vena de un brazo por un fuerte golpe y me cogió de la mano hasta que el médico le dio el alta”, recuerda Gaspart. Pero también era un futbolista tremendo. Las apuestas de 60 euros con Popescu en los entrenamientos lo aclaran: “Me los jugaba a que no marcaba un gol. Y mira que le daba de hostias… Pero era imposible pararlo. Era un avión”. Ya era un delantero universal. “El regate que le hizo a Geli [Atlético] en la final de la Supercopa española nos dejó claro que era un fuera de serie”, interviene Sergi Barjuán. “Pero no era consciente de todo lo que movía”, recalca Popescu; “si jugaba tan bien era porque no se enteraba, porque disfrutaba”. Así lo ve Sergi: “Nos hacía buenos como la plantilla, un residuo de lo que dejó Johan Cruyff, le hacía bueno a él”.

Afincado en Castelldefels, inseparable de Iván de la Peña, descubrió la tortilla de patatas gracias a su amigo Rafa Carrasco, director deportivo del equipo ciclista Kelme. Era feliz en Barcelona. Por eso celebró con champán y en Oslo, concentrado con Brasil, la renovación. A la mañana siguiente, era jugador del Inter. Resulta que a Josep Lluís Núñez se le antojaba muy difícil pagar la ficha y las pretensiones de sus agentes -Branchini, Martins y Pita- y aceptó los 28 millones que puso el club equipo sobre la mesa. “Se me ha aparecido la Virgen”, dijo Núñez en lo que se considera el preludio de su final en el Barça. Pero hay otras versiones. “Estaba todo cerrado, pero sus representantes nos negaron la firma. Intuyo que cobraron dinero de Moratti”, apunta Gaspart. “Ronie se sintió engañado porque el Barça cambió unos porcentajes de unas retenciones sin haberlo hablado”, responde David Espinar, su jefe de prensa seis años.

La terrible final de 1998. Ronaldo ya estaba en el Inter y tenía el mundo rendido a sus pies. Incluso la final del Mundial de Francia 1998 parecía predestinada para laurear al mejor. Pero la tarde de antes del partido fue un calvario con lagunas por explicar. “Nunca hemos hablado de eso ni de religión”, resuelve Espinar.

A la hora de la siesta, Ronie empezó a sufrir espasmos en su habitación del hotel Château de Grande Romaine. “César Sampaio y yo le desenrollamos la lengua de la boca. Su cuerpo estaba dándose golpes…”, expuso más tarde su compañero Edmundo. Algunos dijeron que era por la sobrecarga de partidos, quizá por las exigencias mediáticas o incluso por desamores. Otros insinuaron que su cuerpo rechazó una nueva infiltración de xilocaina con corticoides, que servía para aliviar sus dolores en la rodilla derecha. “Fuera lo que fuese, estaba excluido del equipo titular 45 minutos antes de la final, contra Francia. En las alineaciones que repartió la FIFA jugaba Edmundo”, señala Espinar. Pero, en una salita del vestuario, Zagallo habló con Ronaldo y… jugó. Perdió. Una mancha que limpió en Japón y Corea del Sur 2002.

El cielo y el infierno interista. Viejo deseo de Moratti -guardaba en el cajón de su escritorio un cromo firmado de Ronaldo con la camiseta del PSV que le regaló el jugador-, el ariete reventó las redes en Italia. Luigi Simoni sacó lo mejor de él. “Era fácil: era el mejor delantero de la historia”, rememora el técnico. Su fama era ya imparable. En no pocos partidos los jugadores del Inter le aplaudieron en el vestuario y gritaron: “¡El Fenómeno es nuestro!”.

Ronaldo ya no era ajeno a todo lo que arrastraba. “Fuera del campo, era un prisionero de su popularidad. Pero en la ciudad deportiva se sentía libre”, advierte Simoni. Ahí abundaban sus bromas. “Era muy inmaduro”, dice, divertido, el portero Gianluca Pagliuca; “cuando le echabas la bronca, te decía: ‘Sí, sí, sí’. Y luego hacía lo que le daba la gana”. Entre otras razones, porque era el ojito derecho de Simoni. “Aquí reparto justicia para todos menos para uno”, dijo un día a sus jugadores, que se giraron con una sonrisa pícara hacia Ronaldo. Fue un año redondo. Aunque el drama arrancó al curso siguiente. El 21 de noviembre de 1999 se rompió el tendón rotuliano de la rodilla derecha. Y a los seis minutos de su regreso, el 12 de abril de 2000, ante el Lazio y en el Olímpico, tuvo la misma lesión. Desde el área técnica, Marcello Lippi se echó las manos a la cabeza. “Fue un momento dramático”, recuerda el exseleccionador de Italia, que le envió una carta al hospital -“no diré lo que ponía; se queda entre nosotros”-, “pero siempre me quedaré con el campeón que es. Uno de los más grandes”. Así lo demostró en el Mundial de 2002, cuando sus dos goles a Kahn en la final, contra Alemania, le reservaron un lugar en la historia y otro en el Madrid.

Goles y bromas en el Madrid. El día antes de firmar por el Madrid, Ronie llamó a Gaspart, ya presidente azulgrana. “¿Me quieres en tu equipo?”, le preguntó. “Yo sí, pero Van Gaal dice que no te necesita”, le respondió. Y se fue al Madrid por 45 millones y con el sobrenombre de El Gordo. “Lo importante no es el peso, sino el porcentaje de grasa”, alegó el punta. Sus goles, en cualquier caso, tuvieron el poder de adelgazarle a los ojos de la crítica.

“El mejor definidor que he visto”, le elogia Fernando Hierro; “seguramente, por la confianza que tenía en sí mismo”. Así lo explica Javier Portillo: “Siempre me decía: ‘Cuando encares al portero, no hace falta que le pegues fuerte. Con darle suave, Javi, a un lado, no llega”. Y Baptista, con el que siempre compartía mantel, junto a Roberto Carlos, en el restaurante De María tras los encuentros, añade: “Todavía era un fuera de serie”. Y bromista, claro. “Un cachondo. Solo con pensar en él me río”, admite Hierro. “Cogía a uno y le molestaba hasta que se empezaba a cabrear”, cuenta Baptista. Pero lo bueno se acaba. “La destitución de su amigo Luxemburgo le hizo daño y una lesión contra el Atlético también”, analiza Espinar. Capello remató a Ronaldo. Quería que estuviera bien para darle la titularidad y el brasileño entendía que con la titularidad se pondría bien. Se fue al Milan.

El último chasquido. Capricho de Berlusconi, el Milan abrazó a Ronaldo. “No era el del Inter o el del Barça. Llegó con problemas físicos”, cuenta Mauro Tassotti, “pero, aun así, era extraordinario y marcó muchos goles”. A Ronie le costaba aguantar el ritmo físico de la Serie A.

“Si no había balón, había poco Ronaldo”, indica Tassotti. Así, el delantero retaba al preparador físico con el consentimiento del grupo. “¿Si hago esta distancia en 10 minutos, me libro del resto?”, le decía a Daniele Tognaccini, aún en el equipo. “Sí”, le respondía. Ronaldo volvió a ser feliz, por más que se le detectara hipotiroidismo, un problema que le hacía ganar kilos. “Para mantener el peso tendría que haberse inyectado tiroxina, algo que le habría dado positivo en un control antidopaje”, argumenta Tognaccini, “por lo que trabajábamos el doble, sobre todo en la arena”. Hasta que un nuevo chasquido en la otra rodilla, la izquierda, le destruyó. “Pensamos que era su final”, dice Tassotti. Pero Ronie tenía otra cosa en mente. “¿Puedo volver?”, le dijo tras la operación a Mazziotti. “Sí”, le animó el fisio. Y arrancó una recuperación enmarcada en un pasaje bíblico. “El padre no da lo que no se puede soportar. Le pedimos hombros más fuertes y no una cruz más flaca”, dice Mazziotti. Ronaldo dejó el Milan, se entrenó con el Flamengo y se fue al Corinthians.

Punto final. El inicio con el Corinthians fue abrumador: ocho goles en 10 partidos. Los éxitos de ganar el Campeonato Paulista y la Copa redondearon un currículo envidiable. Pero no le eximieron de sus eternos dolores. “Sufrió mucho. Siempre iba con el hielo a cuestas. Al final, el dolor de las rodillas se le pasó a todo el cuerpo”, explica Elías, ex compañero en el equipo brasileño y ahora en el Atlético. “Siempre nos dijo que quería acabar esta temporada”, añade. Pero no pudo ser. Miles de mensajes le despidieron. Como el de Baptista: “Es un honor haber jugado contigo. Muchas gracias por todo”.

 

 


Entrenar el éxito. Pepu Hernández


Confianza, esfuerzo y generosidad: claves para conseguir un equipo ganador en la empresa y en la vida.

El equipo resulta de la suma de voluntades, porque para vencer se necesita que todos sean partícipes de lo que se está construyendo.

Hay que generar confianza y transmitir ilusión a la gente. Aunque el «ordeno y mando» resulte más sencillo, no ayuda a alcanzar el éxito pleno.
Es fundamental delegar y definir las tareas entre los miembros del equipo, porque toda misión es relevante.
Para que haya evolución, debe haber riesgo. De lo contrario se produce el estancamiento. El paso importante es del «no, no» al «por qué no».
Cuando falla la comunicación, lo primero que hay que plantearse es: «¿Me he explicado bien?». Después: «¿Me han entendido?» Y, por último: «¿Por qué no han hecho lo planteado?»

Conviene saber digerir las derrotas. No sólo se juega para ganar.

1º TENER UN PLANTEAMIENTO CLARO

«Es imprescindible trabajar en equipo para alcanzar el éxito». Porque el equipo, el grupo, marca la diferencia «entre el éxito y la decepción en el diálogo entre el balón y la mano, y en las relaciones de otros muchos
matrimonios: la familia, la asociación, la pandilla, la fábrica, el negocio…».

La importancia del grupo.

«Miras a la pista y piensas: “Esto va a ser lo que llaman química” (…) En esos momentos, te sientes tan orgulloso del equipo…». Porque, para él, lo fundamental es el equipo. De hecho, cuando se le acerca el base griego Papaloukas
para felicitarle -«Ha sido un planteamiento increíble»-, el seleccionador responde: «La estrategia puede ser acertada; no obstante, el valor se lo dan los jugadores».

Teoría del «gran equipo»

En el centro estarían los jugadores y alrededor los entrenadores, los directivos, los medios de comunicación y
los aficionados. La integración de todos permite «sentirte parte e integrado, sumar fuerzas y tomar mayores velocidades».

2º QUERER ALCANZAR EL OBJETIVO ESTABLECIDO

«Quien no se empeña, no gana»

«Lo aconsejable es guiarse por los gustos, perseguir lo que uno anhela y luego tomar decisiones. Si perdemos la vocación nos anulamos. Aspirando al máximo.» Para ello, es fundamental la motivación.

3º PONER LOS MEDIOS PARA LOGRARLO

«Convencen los hechos, no las palabras»

Correcta selección del equipo, las normas básicas (confianza, respeto y generosidad), los valores necesarios en cualquier organización (estabilidad, riesgo, educación, experiencia, anticipación, unidad en la adversidad, necesidad de digerir la derrota) y la psicología del líder (tipos de jefe, planificación, delegación, aprovechamiento de recursos, conversión del esfuerzo en diversión, descanso y ocio, creación de un estilo, comunicación…).

«se puede intentar engañar al jefe, pero al compañero no lo engañas nunca. Reconoce cuando te escondes, cuando no das el máximo».

Última etapa: CONSEGUIR EL ÉXITO

«No se juega sólo para ganar». Es en realidad el paso más sencillo, pues se entiende como una consecuencia: el objetivo fue prepararse, no la medalla. «La suma de la confianza, el respeto, el esfuerzo, la coordinación, el liderazgo, el descanso, la unidad… nos llevaron a poder cercar el oro».


“Canastas Sagradas”, de Phil Jackson


Phil Jackson (uno de los grandes estandartes de los banquillos NBA, habiendo liderado a los Bulls de Jordan, Pippen y compañia hacia el título de campeones; o a los Lakers de Shaq y Kobe en la época en que los Lakers estaban intratables y ganaron el campeonato los años 2000, 2001 y 2002. Actualmente sigue siendo entrenador de los Lakers, muy cambiados desde esa dinastía de la “fiebre amarilla”) nos relata, a modo de autobiografía su camino hacia su espiritualismo trasladado al baloncesto; cómo liderar a un equipo basando su sistema de juego en el “nosotros” y no en el “yo”.

A lo largo de la obra podemos ver cómo Phil Jackson compagina sabiamente aspectos personales con profesionales y, a su vez; con dichos, proverbios o bases de la cultura Zen que él practica.
Ejemplos de ello son la costumbre que tenía minutos antes de salir a jugar de practicar la meditación aZen, o; en su etapa de entrenador de los Bulls, estar reunido con sus jugadores en una sala decorada por él a modo de guarida en el que poder meditar todos y pensar como un conjunto, y no como uno propio.

“Canastas sagradas es una mirada al interior de la superior sabiduría del trabajo en equipo del [que fue] primer entrenador de los Chicago Bulls, Phil Jackson (ahora entrenador de Los Angeles Lakers). En el corazón de este libro está la filosofía de Jackson sobre el baloncesto consciente y su cruzada de toda una vida para llevar la iluminación al mundo competitivo del deporte profesional. Jackson, uno de los entrenadores con más éxitos en la historia de la NBA, ha desarrollado u nuevo paradigma de liderazgo basado en los principios orientales y en los Native American. En esta biografía inspiradora, repleta de historias de Michael Jordan, Scottie Pipen, Toni Kukoc, Dennos Rodean y otros miembros de los Bulls, Jackson revela cómo respetar al enemigo y ser agresivo sin rabia o violencia; cómo vivir en el momento y mantenerse calmadamente focalizado dentrote la niebla del caos, de manera que el “yo” se convierte en el servidor del “nosotros”…
Este libro de pensamiento provocador te lleva hasta la mente del hombre – pensador de este entrenador a medida que construye uno de los mejores equipos de todos los tiempos y afronta el inevitable ciclo del cambio, incluyendo el retorno triunfante de Jordan al baloncesto. Canastas sagradas no es sólo para los aficionados al deporte, sino para cualquiera que esté interesado en el potencial del espíritu humano.”

La primera cita es una meditación de Phil, con su punto de vista tan propio de él sobre el baloncesto y la vida. La segunda; es un proverbio Zen que relataba a su equipo antes de cada partido durante los playoffs para recordar que un jugador por sí mismo no vale nada. Lo importante es que el “yo” sacrifique una parte de sí mismo en beneficio del conjunto (la manada).

 

“Como la vida, el baloncesto es confuso e impredicible. Tiene su manera de ser contigo. No importa lo mucho que desees controlarlo. El truco es experimentar cada momento con la mente clara y el corazon abierto. Cuando haces esto, el deporte -y la vida- se cuidarán de sí mismos.”

“Ahora esta es la ley de la jungla,
tan vieja y tan verdadera como el cielo;
y el lobo que la mantenga prosperará,
y el lobo que la rompa debe morir.
Como la enredadera que ciñe el tronco del árbol,
la ley funciona adelante y atrás,
ya que la fuerza de la manada es el lobo,
y la fuerza del lobo es la manada.”


Entrenar para jugar mejor. ‘Mourinho, ¿Por qué tantas victorias?’


Su librillo no es tradicional (volumen, picos de forma, entrenamientos de conjunto, sesiones físicas…) ni integrado (el que aúna el trabajo con balón y el físico, pero sólo para engañar a la mente). Busca la calidad del trabajo y no la cantidad.

1. La única estrella es el equipo. “(…) Los amigos de la descontextualización, de la separación, atribuyen las razones del éxito de Mourinho a su capacidad de liderazgo, a la forma como consigue motivar y unir al grupo, a los mind games, al estudioso minucioso de los rivales Todo es importante, pero ¡no puede verse de forma aislada! En la élite no vale con tener ‘cualidades de liderazgo’ y tampoco llega con tener a los mejores jugadores del mundo. Así lo destaca Mourinho: “Mi gran preocupación es el equipo, el desempeño colectivo. No sé dónde acaba lo físico y comienza lo psicológico o lo táctico. El fútbol es la globalidad, tal como el hombre. No consigo separar las cosas. La forma no es física. La forma es mucho más que eso. Lo físico es lo menos importante en la globalidad de la forma deportiva. Sin organización y talento en la exploración de un modelo de juego, las deficiencias son explícitas, pero poco tiene esto que ver con la forma física (…)”.

2. El modelo de juego se trabaja desde el primer día. La clave, según Mourinho, es sentar las bases en los primeros entrenamientos: “Lo más importante es tener un modelo de juego, un conjunto de principios que proporcionen organización al equipo. Por eso, mi atención se centra ahí desde el primer día”. Los autores del libro comparan la metodología del portugués con la de otros entrenadores que desaprovechan las primeras semanas de la pretemporada con palizas físicas. Por ejemplo, citan los entrenamientos que llevaba a cabo Luxemburgo cuando dirigía al Real Madrid como muestra de lo que no quiere Mourinho: “(…) La pretemporada es un periodo importante para preparar al equipo en función del modelo de juego deseado y es un periodo sin competiciones oficiales, situación que permite un tiempo de experimentación, ajustes, reajustes que son importantes en la relación entrenador-equipo y entrenador-jugadores (…)”.

3. Método Rui Faria: ni gimnasios, ni circuitos, ni dar vueltas al campo. El libro revela que Mourinho no hace tests físicos ni usa cardiofrecuencímetros: “(…) Entrenamientos de conjunto, sesiones de entrenamiento dirigidas a la vertiente física, gimnasio, circuitos, balones medicinales Nada de esto cabe en la metodología del entrenamiento de Mourinho. Tanto en pretemporada como durante la temporada (…)”. El gimnasio sólo es para recuperarse de las lesiones. Rui Faria es algo más que un preparador físico. Es su mano derecha. Una frase suya define su filosofía de entrenamientos: “¿Ha visto alguna vez a algún pianista correr alrededor del piano antes de empezar a tocar? En nuestra metodología tampoco damos vueltas alrededor del campo”.

4. El balón, siempre obligatorio. Entrenamientos de no más de una hora y media. “(…) Balón, siempre mucho balón, poniendo en práctica lo que, pasados unos meses, sería conocido como periodización táctica. Una forma de encuadrar los ejercicios del entrenamiento con el modelo de juego del equipo (…)”. La concentración es un factor entrenable para Mourinho. Por eso, los entrenamientos no superan la hora y media (como un partido): “Mis sesiones no son largas sino muy dinámicas y con un tiempo útil altísimo”. Cualquier ejercicio que se propone a los jugadores tiene que hacer emerger algo que estos no controlen, no prevean: “Me gusta que mi equipo tenga el balón y sepa qué hacer con él cuando lo recuperamos”.

5. Un equipo sin picos de forma. “(…) La base del rendimiento colectivo e individual es la organización del juego. No hay entrenamientos individuales ni de conjunto. Se enfocan los entrenamientos semanales en función del partido y únicamente de él. No hay un plan para estar mejor en diciembre o en mayo. No se entrena para correr, sino para jugar (…)”.

6. La motivación surge en los entrenamientos, no en los partidos grandes. El paradigma de la disciplina para el portugués es el 4-4-2. Aspectos como solidaridad, espíritu de juego, motivación o rigor son detalles básicos en su idea de juego. En su segunda temporada en el Oporto, Mourinho se encontró con un problema: sus jugadores venían de ganar todo en Portugal y corrían el riesgo de motivarse únicamente para los partidos de Champions. En el libro explica que lo solucionó cambiando su habitual sistema de juego: “(…) En el 4-3-3 existe, de raíz, una ocupación perfectamente equilibrada de los espacios, no es preciso ser muy ‘inteligente’, no es preciso pensar mucho basta simplemente que los jugadores ocupen sus posiciones. Con el 4-4-2 es preciso pensar mucho más, porque el campo está ocupado de una forma poco racional, no hay nadie abierto La disciplina no se debe buscar en aspectos disciplinarios sin más (puntualidad, rigor). Debe buscarse un rigor táctico antes que una disciplina táctica (…)”.

7. Minucioso estudio del rival, pero “nunca jugar en función de él”. “(…) El cuerpo técnico de Mourinho estudia a conciencia al rival, pero nunca se juega en función de él. En contadas excepciones se podría modificar el sistema de juego, pero nunca el modelo (…)”. El portugués defiende esta filosofía desde que entrenaba al Leiría: “(…) Lo más importante en un equipo es tener un determinado modelo de juego, un conjunto de principios de juego, conocerlos bien, interpretarlos bien, independientemente de que se use éste o aquel jugador. Nosotros analizamos al rival, intentamos prever cómo se puede comportar contra nosotros e intentamos posicionarnos en algunas zonas más importantes del campo en función de sus puntos fuertes y débiles. Pero estos son detalles posicionales. No interfieren con nuestros principios, ni siquiera con nuestro sistema (…)”.

8. Los jugadores creativos son los primeros en defender. Mourinho tiene colgada la etiqueta de técnico defensivo, pero no es así. “(…) Para mí, defender bien es defender poco, es defender durante poco tiempo, es tener el balón el mayor tiempo posible, es estar la mayor parte del tiempo con la iniciativa del juego, no teniendo necesidad de estar en acciones defensivas (…)”. Por tanto, su concepción de defensa no es colocar a los once jugadores detrás del balón (no hay cerrojazos ni similares). Defensas altos, rápidos, que no superen el medio campo y jueguen poco el balón. Rara vez los zagueros de los equipos de Mourinho pasan del medio del campo. “Bastante trabajo tienes con defender, deja a tus compañeros que ataquen”. Esa frase es ley para un defensa. Los laterales se incorporan en contadas ocasiones al ataque, alternativamente, y los centrales nunca: “(…) Hay quien dice que los jugadores más creativos deben estar liberados de tareas defensivas. ¡Quien dice eso sabe poco de fútbol! Los once tienen que saber qué hacer en posesión del balón y los once jugadores tienen que saber qué hacer cuando el contrincante tiene la posesión del balón (…)”.

9. Empezamos a recuperar en los partidos. “(…) Cuando la semana tiene sólo un partido, Mourinho da descanso al día siguiente de jugarlo. Desde el punto de vista fisiológico no es lo más correcto, pero sí a nivel mental: “La concentración de los jugadores puede y debe ser entrenada. Para mí, con tantos partidos por disputarse durante la temporada, la recuperación comienza en el propio encuentro. Si el equipo juega como quiero, empieza a recuperar en el partido. El Oporto empezaba a recuperar con el balón y, en vez de acabar el partido cansados, muchas veces lo terminaban en pleno periodo de recuperación (…)”.

10. Un método que sirve para la cantera. “(…) Los pilares concepto-metodológicos deben ser los mismos tanto en la élite como en la base. En el Oporto se reunió con los responsables de las categorías inferiores para explicarles que todos los equipos deben jugar igual (…)”. En el Madrid hará lo mismo.


“La preparación física no existe”


Paco Sirul.lo, preparador físico del Barça (y también de la selección española de Balonmano) y uno de los profesionales más reconocidos por sus colegas, le contaba hace casi dos años a Cappa que “la preparación física no existe”.

 

Paco Seirulo, preparador físico del Barça, se citó con Ángel Cappa en Barcelona. Se conocen por diversos congresos de fútbol y comparten una idea, original y nada extendida, sobre la utilidad de la preparación física enfocada al fútbol. En esta charla se desmoronan, de hecho, varios mitos ya instalados sobre el asunto en relación, por ejemplo, a las pretemporadas o al uso del gimnasio y las pesas para los jugadores de fútbol.

Cappa: No sé si coincidirás, pero para mí la preparación física como tal no existe. Existe la preparación de un futbolista, de un basketbolista, de un tenista, pero no en general.
Seirulo: Coincido. Antes, por error, se pensaba que primero había que fabricar un atleta y luego que jugase a lo que sea. Si se quería entrenar la resistencia, se entrenaba por igual en el monte, en el mar… donde fuese. Y luego adaptaban esa resistencia a su deporte. Y no es así. Así pierdes tiempo y energía, pues cada deporte requiere su tratamiento específico.

C: La velocidad, por ejemplo. En fútbol es diferente, tiene que ver con la precisión, con ver antes la jugada.
S: He entrenado en otros deportes y el fútbol es el que más prima las habilidades del jugador: su inteligencia, toma de decisiones, sensibilidad, comprensión del espacio y del tiempo…¿Por qué? En fútbol, lo mismo que tú utilizas para movilizarte lo usas para jugar, y tienes que estar concentrado en ti mismo y en el equipo. Por eso, los talentos
de este deporte son, personalmente, tipos muy especiales.

C: Eso me hace recordar una anécdota que viví con Maradona. Estábamos viendo un partido de basket de Michael Jordan y le dije: ‘Diego, qué gran jugador es, ¿verdad?’. Y me dijo; ‘Sí, es un grande, yo lo admiro, pero no te olvides de que juega con lamano, ¿eh?’.
S: Claro, ésa es la dificultad del fútbol: los pies, y eso acarrea muchas obligaciones motrices, que, a su vez, complican la percepción y las relaciones interpersonales del atleta. A mí los jugadores muchas veces me dicen:
‘Oye, Paco, ¿por qué no entrenamos la velocidad?’. Y les contesto que eso lo entrenamos todos los días, porque el fútbol es eso: velocidad, aceleración… no correr sin más, sino adaptarte a correr respecto al balón y al rival. Tocar el balón con la velocidad adecuada y hacia donde tú deseas.
C: La fuerza también es distinta. Para mí la fuerza en el fútbol es astucia.
S: Claro. Es aplicar tu energía en el momento oportuno. Si no, la fuerza no sirve para nada. Si eres muy fuerte y cada vez que chocas con uno te quitan el balón o haces falta, estás perdido.
C: Hay gente que piensa, por error, que los jugadores altos cabecean más y mejor. Y no es cierto. Hay que saber saltar y saber cabecear.
S: De hecho, los grandes cabeceadores de la historia nunca han sido muy altos. Han sido tipos medianos pero muy astutos, adivinando la trayectoria del oponente, del balón y la velocidad precisa.
C: Hay muchos mitos en la preparación física de nuestro deporte. Uno es el calentamiento; otro, la pretemporada;
y el tercero, las pesas.
S: Son, para mí, tres temas claves. La pretemporada es el más grave. Yo creo que es imposible que, entrenando un mes, se llene, como se pretende, el tanque de un futbolista para toda la temporada. Imposible. Y los preparadores
tenemos que flagelarnos en esto pues le hemos dado demasiada importancia a la pretemporada. Hacer entrenamientos dobles y triples durante dos semanas no es bueno para los jugadores. Sólo consigues fatigarlos
y que lo estén pagando durante los cinco primeros partidos de Liga. Para mí lo correcto es prepararse para el primer partido sólo. Exclusivamente. Y luego para el segundo… y así. No se puede hacer una pretemporada
entrenando dos semanas seguidas en tres turnos sin tocar el balón.Perjudica y no es útil.
C: Cuando entrené en Sudáfrica, los jugadores venían de hacer cuatro sesiones al día. Eso era una masacre. ¿Y del calentamiento, qué me dices? Hay una especie de obsesión de estar 25 minutos calentando. Yo vi cómo calentaba Cruyff en su día y sólo hacía pataditas con la pelota y alguna carrerita liviana. Maradona, igual. Es verdad que hay jugadores nerviosos que quizás sí necesiten correr más para quitarse esos nervios. Pero eso es todo.
S: He discutido mucho sobre esto y he probado mucho. Para nosotros el hecho de calentar es sólo un acto socioafectivo, esto es, sólo sirve para ponerte en contacto con tus compañeros y con el ambiente. Ése es el principal objetivo del calentamiento. Porque hay otro problema añadido. Los jugadores, si juegan a
las diez de la noche, se levantan ya a las seis para merendar. Y cuando se levantan, como a todos, les duele algo. Por eso, se trata de moverse un poco, engeneral, y luego coges el balón, te lo pasas unas veces y ya está. He visto mil veces cómo un jugador sale a jugar sin calentar, por lesión de otro, y no le pasa nada. Juega sin problema alguno.
C: Eso pasa en el basket. Los jugadores salen de repente, sin calentar y no pasa nada.
S: O en el tenis. No he visto a tenistas dar vueltas a la pista antes de jugar. Salen, calientan dándole a la bola, un par de saques… y empieza el partido.
C: Otro mito, por desconocimiento, es pensar que si el jugador corre más va a jugar mejor al fútbol.
S: En nuestro deporte sólo con las tres carreras que haces tras el saque de centro y un par de movimientos… ya has calentado. Y a partir de ahí, ya puedes correr todo lo que quieras. No puedo decir que es una barbaridad calentar, pero no es necesario hacer esos calentamientos exagerados a los que el fútbol nos tiene acostumbrados. Otra cosa sería, por ejemplo, una carrera de 400 metros. Ahí sí, pues es un esfuerzo individual, específico y único en un tiempo corto. Pero en el fútbol, ¡para nada!

C: Decía el doctor Oliva que ‘sentirse cansado no es estar cansado’. El cansancio es, en parte, psicológico. Influye mucho el estado de ánimo. Nunca se ve un equipo que ganando 4-0 esté cansado.
S: Eso lo ves en atletismo. El que llega primero, que debería estar más cansado, se pasa luego el tiempo dando la vuelta a la pista, saludando… y los otros están en el suelo hechos polvo. Y es por el factor anímico. Son las endorfinas. Tu propio cuerpo genera autoestima. Por eso sólo un pequeño factor biológico justifica el calentamiento. Pero, insisto, nada más.
C: Lo curioso es que de preparación física no habla nadie, salvo cuando pierde el equipo. Ahí sí se justifica todo.
S: Sí, parece que de repente no corren. ¿Y por qué no corren?Pues quizás porque van perdiendo y no al revés. Cuando un jugador da dos pases malos, la solución no es correr, sino pararse para recuperarse.
C: Y la presión. La tensión permanente de ganar también influye mucho en lo físico.
S: Eso se nota, sobre todo, en la recuperación. El estrés genera más estrés. Los jugadores, en una dinámica negativa, no recuperan bien y por eso están cansados. En el Barça nuestros entrenamientos están basados en el cambio. Nunca hacemos dos entrenamientos iguales, que tengan la misma intensidad o elmismo objetivo. Al tercero igual,
los jugadores pasan. No sirve de nada. Los hábitos generan estabilidad inicial pero acaban por destruir. Los jugadores, para adaptarse al nuevo entrenamiento, sacan la energía que tenían aparcada y el equipo se beneficia
de eso.
C: Además, hay que entrenar con creatividad. No se debe prever todo, hablando desde el punto de vista futbolístico. Depende también del día, de lo que surja en ese instante. Muchas veces uno cambia lo que tenía previsto en lamañana.
S: Yo aplico unos parámetos mínimos, pero luego observo y si veo que a partir de unas series hechas, hacer más no sirve de nada, lo dejo. Los jugadores pierden interés si hay mucha repetición. De los entrenadores que he tenido en el Barça los que mejor han manejado este aspecto han sido los que mejor resultados han tenido.
C: Cuando yo hago ejercicios para los defensas, por ejemplo, no pienso en el tiempo que deben estar haciéndolos. Eso depende de muchos factores.
S: Muchos entrenadores seangustian con esto. Si a un ejercicio le faltan dos series, te lo recuerdan angustiados. ¡Y no pasa nada! Los jugadores, muchas veces, quieren saber exactamente lo que tienen que hacer para mentalizar a su cuerpo para ese esfuerzo. Por eso yo les intento mantener siempre alerta. No quiero que sean funcionarios del
entrenamiento. Así se motivan, aunque, siendo sinceros, la motivación en el fútbol viene por el gol… y nada más.
C: ¿Hablamos de las pesas? Hay obsesión por ello. Muchos creen que si se está más musculado se juega mejor y se lesionan menos.Y no es así.
S: Hay un error: adjudicar siempre las lesiones a la preparación física. En el fútbol hay dos cosas: accidentes y lesiones. Los accidentes, que tenemos muchos, son inevitables y las lesiones, que tenemos menos, no. Utilizar las pesas de forma genérica, en movimientos y en cargas que son muy ajenas al fútbol, es un error. Las pesas preparan al músculo para otras actividades que no son las que va a utilizar el jugador en el césped. Y eso le provoca sobrecargas. La musculación hay que usarla para mejorar la fuerza enfocada al fútbol, no genéricamente. Otra cosa es que de 16 a 19 años el futbolista necesita una formación muscular para que deje de ser un ciudadano
de la calle y se transforme en un deportista. Pero si puede ser con balón, mejor. ¿Por qué? Porque el balón añade el
elemento coordinativo que luego utilizas en el campo. Si tú haces tres saltos de piernas, como ejercicio, pero sin balón, no tiene sentido. Dónde saltas, cómo apoyas… todo es diferente si metes un balón por medio. Por eso
hay que hacerlo con balón. No es lo mismo saltar que saltar para tener que dirigir un pase. Por eso, la preparación física del fútbol hay que hacerla con balón siempre. El concepto está equivocado. La cuestión no es coger
fuerza en las piernas, sino adaptar la musculación a lo que luego vas a hacer en el campo. Lo contrario genera lesiones, pues el músculo no está preparado.
C: A eso hay que añadirle que hoy en día los jugadores tienen demasiados partidos, demasiada tensión. Si estás en
un grande, siempre existe la obligación de ganar.
S: Y además los jugadores van de la selección a los clubs y viceversa. Y nadie entrena igual. Los jugadores varían de un tipo de entrenamiento a otro y eso les afecta.
C: Yo, cuando llego a un equipo nuevo a mitad de temporada, siempre pregunto qué estaba haciendo el preparador
físico anterior para no generar descompensación.
S: Muchas veces la culpa la tenemos nosotros, los preparadores físicos, porque para ser diferentes hemos inventado cosas que dañan a los jugadores.
C: Para resumir, yo creo que hay una preparación enfocada al músculo y otra, la correcta, enfocada al fútbol, al juego.